Navarro, rico en historia sin pretextos para el presente

“El terruño es la patria del corazón. De todos los sentimientos humanos, ninguno es más natural que el amor por la aldea, el valle o la barriada en que vivimos los primeros años. El terruño habla de nuestros recuerdos más íntimos, estremece nuestras emociones más hondas; un perfume, una perspectiva, un eco, despiertan un mundo en nuestra imaginación. Todo lo suyo lo sentimos nuestro, en alguna medida; y nos parece, que de algún modo le pertenecemos, como la hoja a la rama”.


Navarro al noroeste de la provincia de Buenos Aires, a 121 km de la capital y con casi 13 mil habitantes nos habla de ese sentir de los pueblos, de los lugares que quedan en uno. Por sus acontecimientos, su gente, su cercanía.

Cuenta la historia que surgió allá por 1767 como guardia fronteriza junto a la laguna, para prevenir los ataques de los indios. Fue elevado a fortín por orden del Virrey Vertió en el año 1779 y declarado partido por el Cabildo de Luján, en 1798 bajo la denominación de San Lorenzo de Navarro.

Según las versiones más firmes, indican que se llamó así al partido y ciudad cabecera, en homenaje al Capitán Miguel Navarro a quien Juan de Garay otorgó en encomienda al cacique Pibisque (o Chivilque) con todos sus indios.

A partir de este hecho, algunos historiadores deducen que de dicho oficial tomó su nombre la laguna de Navarro, atractivo turístico del lugar.


Su historia se encuentra atravesada por los fortines y puestos ubicados en defensa frente a los malones de los indígenas, hasta tanto se avanzó sobre el trazado definitivo del pueblo y quintas,  relacionado con lo acontecido en la  primera mitad del siglo XX en toda la pampa húmeda y el resto del territorio nacional.

La familia Almeyra es una de las primeras familias reconocidas con derecho a la propiedad sin antes lidiar con las luchas de aquellos tiempos.

Algunos relatos cuentan que el devastador cacique Chivil-có organizó un gran malón sobre el Arroyo Las Saladas, cercano a Navarro. “Allí se habían hecho fuertes un puñado de cristianos armados por Juan Almeyra, quien desilusionado  por la acción de las milicias, que siempre llegaban tarde, puso en manos de negros, mulatos y gauchos del lugar arcabuces, lanzas y dos cañoncitos pedreros adquiridos en Buenos Aires”. El relato continúa diciendo: “La tierra tiembla, la horda salvaje avanza sobre los defensores, fue sangriento el combate, ciego de ira ante el puñado de valientes vecinos que salieron a su encuentro, Chivil – có al frente de numerosa  indiada se vino lanza en ristre”.

Réplica Fortín de Navarro


Según parece: “No le  fue bien al indígena, porque uno de los ayudantes de don Juan Almeyra, que era su hijo Hipólito, lanceado su caballo, fue atacado por el cacique, viéndole en la crítica situación, apretado por su caballo herido, Chivil-có lo atropello tirando un lanzazo al caído. Logró el joven Hipólito por un esfuerzo supremo, zafar y desvainando su espada, hundirla hasta  la empuñadura en el pecho del cacique, cuya caída fue señal para que la chusma se dispersara, mientras los defensores se agrupan, esta acción impidió que se repitieran nuevos malones sobre el lugar”.

Las narraciones trascienden los tiempos y las generaciones y también indican que estas tierras fueron visitadas por Juan Moreira, el gaucho argentino convertido en leyenda.

Pulpería de Juan Moreira

Otro de los hechos conocidos que marcaron al pueblo se conoce como la Tragedia de Navarro. El 9 de diciembre de 1828, se libra la batalla de Navarro, en la que las fuerzas del unitario General Lavalle derrotan a las del federal Coronel Manuel Dorrego, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien fue fusilado, por orden de Lavalle, el 13 de diciembre de 1828.

Un acontecimiento que marcó profundamente la historia nacional y local.

Se dice que el cura párroco de la Iglesia, al día siguiente,  previo oficio y misa de cuerpo presente, sepultó el cadáver en el camposanto contiguo a la parroquia. En el breve período de gobierno de Juan José Viamonte,  sancionó un decreto el 29 de octubre de 1829  donde dispuso que se levantaran los restos de Dorrego y se trajeran a Buenos Aires.  

Parque Dorrego

Rosas,  en una de sus primeras medidas de gobierno nombró una comisión al efecto que partió el 13 de diciembre para Navarro escoltada por veinte soldados.

“Llegan al día siguiente. El doctor Cosme Argerich que  como médico forense, deja un importante informe de su actuación…. A las doce y media de la mañana…principió las operaciones necesarias al lleno de este  objeto… el 14 de diciembre de 1829, al año justo de su muerte. Cuenta como se llegó al cuerpo de Dorrego y en el estado que se encontraba: tenía las botas puestas, los pantalones y la camisa de tela escocesa…el pañuelo de seda y de color amarillo con que le fueron vendados los ojos al momento de su ejecución. La camisa había sido del General Araóz de Lamadrid que le fue entregada a pedido de Dorrego para que su amante esposa, Angela Baudrix,  no reciba la ensangrentada de la ejecución. Se retiró el cuerpo de la fosa, se lo lavó con agua y se lo sumergió en una solución de sublimado corrosivo durante un día, después fue puesto “un rato al sol y barnizado  todo, por aceite de trementina, fue colocado en una urna…a la presencia del señor camarista, el Escribasno Mayor de Gobierno y muchos vecinos…cerré la urna con dos candados cuyas llaves fueron entregadas por mi al señor camarista, doctor Miguel Villegas“.


Considerado el mártir del federalismo el Coronel Dorrego fue trasladado posteriormente a la ciudad de Buenos Aires.

Navarro en sus comienzos no constituía más que un reducidísimo caserío, con viviendas simples y dispersas pero con un pasado rico en historia y luchas que le permiten un presente vivo, con gente que sostiene el trabajo diario ligado al campo y la producción.

Navarro no solo de batallas se ha constituido, también de tertulias entre su gente, el intercambio con los pueblos de alrededor, los rindes de la cosecha, las fiestas patronales y las celebraciones patrias, el asado con cuero, el folclore y la doma, el paisano con sus ropas, las mujeres, el baile sobre la pista de tierra, las misas y las procesiones.

Luego en 1924 el primer delegado municipal y el destacamento policial, la estafeta postal, la escuela elemental, los clubes, los hoteles, la llegada del ferrocarril.


Más de 200 años de memoria en el devenir de un pueblo que invita a recorrer sus monumentos, los vestigios de su historia, disfrutar de sus sabores y sus atardeceres, encontrarse con una tierra que supo de días ajetreados para encontrar la calma entre sus recuerdos, presente y futuro en su gente.

A Navarro le sobran pretextos para visitarla.

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