La ronda de noche, de Rembrandt

Es el cuadro más famoso del artista, pintado en 1642, considerado como una de las obras cumbres del siglo de oro holandés. Es la obra más compleja del autor, el cuadro en sí mismo incluye todo tipo de detalles en el paisaje y los personajes, cada rostro, mirada y objeto está medido al milímetro por el creador. Este óleo sobre lienzo de 437 cm de ancho por 363 cm de alto se encuentra actualmente en el Rijksmuseum, de la ciudad de Ámsterdam.

Las pinturas de Rembrandt no sólo ofrecen una propuesta estética, además están repletas de significado y sencillez. Especialista en escenas tradicionales y bíblicas, huía de la ostentación estética y hasta provocadora que otros artistas barrocos proferían.

Aunque el título del lienzo como La ronda de noche está históricamente consolidado, su nombre original fue La compañía militar del capitán Frans Banninck Cocq y el teniente Willem van Ruytenburgh (De compagnie van kapitein Frans Banninck Cocq en luitenant Willem van Ruytenburgh maakt zich gereed om uit te marcheren). El cuadro fue llamado en el siglo XIX Patrouille de Nuit por la crítica francesa, y Night Watch​ por Sir Joshua Reynolds; de ahí el nombre por el que se le conoce popularmente. El origen de este título surge de una equivocación de interpretación, debida a que, en esa época, el cuadro estaba tan deteriorado y oscurecido por la oxidación del barniz y la suciedad acumulada, que sus figuras eran casi indistinguibles, y parecía una escena nocturna. Después de su restauración en 1947, cuando se eliminó este barniz oscurecido, se descubrió que el título no se ajustaba a la realidad, ya que la acción no se desarrolla de noche sino de día, en el interior de un portalón en penumbra al que llega un potente rayo de luz que ilumina intensamente a los personajes que intervienen en la composición.

Rembrandt se apartó de lo convencional, evitando una escena estática y formal, y generando, en cambio, una de acción, más del gusto del Barroco imperante. Muestra a los soldados apurados para embarcarse en una misión. Este ordenamiento es completamente original y constituye un nuevo modo de concebir el retrato colectivo. Su estilo causó la contrariedad de algunos miembros de la milicia, que por su ubicación en el fondo de la escena son difícilmente distinguibles. A diferencia de cuadros de la misma temática, en que la disposición de las figuras siguen un orden jerárquico preciso, el pintor basó la colocación de los personajes únicamente en razones plásticas. Los rígidos cánones de los retratos corporativos sólo traducían rutina y convencionalismo e imposibilitaban la expresión personal y dramática.

Sin embargo, la composición aparentemente desordenada está en realidad construida de un modo racional según los dos ejes medios del rectángulo que conforma el lienzo. El eje horizontal determina el telón de personajes que sirve de apoyo a las dos figuras principales, en primer plano. Los cuatro personajes con trajes de colorido característico dominan el grupo central, dirigiendo la mirada del espectador hacia ellos mismos. El eje vertical determina la posición del capitán con su traje negro, que se ve apoyado por la figura aneja del teniente, éste de amarillo claro. Esta dos figuras hacen que la escena quede centrada, girando a su alrededor el resto de componentes.

Las diagonales que forman la larga lanza y el asta de la bandera se cruzan en el centro luminoso de la escena, encuadrando los tres grupos de personas con una línea imaginaria, quedando los dos mandos de la compañía en la posición preponderante de la escena.

La sensación de espacio en diferentes niveles: el de la penumbra del portalón, el de la calle radiante de sol y el del observador, se asemeja a otros juegos compositivos típicamente barrocos como se pueden encontrar en Las Meninas de Velázquez o en El jardín del amor de Rubens.

El dibujo, apenas esbozado, queda disminuido por la importancia del color y la luz, siendo poco nítidos los contornos de las figuras. Influido por Caravaggio, Rembrandt usa el tenebrismo y el claroscuro, creando fuertes contrastes entre la penumbra y la luz. La luz proviene de la izquierda, según la dirección de las sombras proyectadas. Esta luz, a pesar de su concepción realista, no actúa uniformemente, sino que ilumina y destaca a ciertos personajes y relega a otros a la sombra. En ocasiones parece que nace del interior de las figuras, como en el caso de la niña que corre. La iluminación es la gran protagonista de este cuadro, porque recrea una atmósfera mágica de penumbras doradas, sombras envolventes y luces cegadores.

El color está aplicado con pinceladas espontáneas. El cromatismo del lienzo se desarrolla en tonos cálidos de las tierras y los ocres, con las excepciones del rojo del echarpe de capitán, del soldado del largo arcabuz a su derecha, del blanco ocre de la chica, detrás, y del uniforme del lugarteniente. Usa tonalidades opuestas para contrastar como el uniforme claro y oscuro de las dos figuras centrales, el negro riguroso del capitán resaltando el blanco de su golilla o incluso el tono dorado de la penumbra en contraste con las caras iluminadas.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn; nació en Leiden (Países Bajos) en 1606 y falleció en Amsterdam, en 1669. Nacido en el seno de una acomodada familia de molineros, Rembrandt van Rijn recibió una esmerada educación y llegó a ingresar en la Universidad de Leiden, donde estudió un curso, ya que por entonces decidió dedicarse a la pintura. De los dos maestros que tuvo, uno en Leiden y otro en Amsterdam, fue este último el que más influyó en el artista y el que le transmitió las tendencias italianizantes en boga. De hecho, sus primeras creaciones (como la Lapidación de san Esteban) manifiestan una evidente influencia del estilo de Pieter Lastman.

A Rembrandt se le recuerda, de hecho, sobre todo por sus magistrales retratos de grupo, absolutamente alejados de los convencionalismos al uso. La maestría compositiva, la perfecta caracterización de los personajes, el detallado estudio de los ademanes y la agudeza de los rostros.

Ningún otro artista fue capaz de jugar con la luz y la sombra como lo hacía Rembrandt. Enseguida se hizo popular como pintor y decidió regresar a la próspera ciudad de Ámsterdam en 1631. Al cabo de tres años se casó con Saskia van Uylenborch.

A pesar de ser un artista de gran talento y muy respetado, Rembrandt vivió los últimos años de su vida en condiciones pésimas. Saskia, el amor de su vida, murió y las grandes deudas de Rembrandt le obligaron a vender su casa y sus posesiones. Varios años después, su amante, Hendrickje Stoffels, y su hijo Titus también fallecieron. Rembrandt murió en la miseria.

Rembrandt nunca encasilló sus obras en un estilo, ni se acomodó a una corriente artística. Lejos de esto era él mismo quien lideraba tendencias, innovaba y cambiaba su forma de pintar constantemente. Alrededor de sus cuadros se han hecho toda clase de estudios históricos, teológicos y científicos: las temáticas, la composición de los pigmentos, la forma de las pinceladas, los colores, etc.

Se puede apreciar virtualmente esta obra en:

https://www.rijksmuseum.nl/nl/collectie/SK-C-5

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