La cuarentena lo obligó a cerrar su negocio pero la vida le enseñó a no bajar los brazos

La historia de un comerciante santiagueño, como tantos otros comerciantes argentinos que luha día a día para salir adelante.

SANTIAGO DEL ESTERO. Juan se ha dedicado desde siempre al comercio, trabajando en la atención al público en diferentes rubros, eligiendo según sus gustos y sueños el negocio que llevaba adelante, siempre dándole el sustento para ganarse la vida. La pandemia lo sorprendió en su pañalera céntrica de la capital santiagueña, llevaba ahí tres años y mucho amor en su negocio.

Las duras restricciones de cuarentena lo obligaron el primer tiempo a mantener su negocio cerrado, luego a trabajar a medio tiempo. Las medidas provinciales prohibían a los santiagueños ingresar al centro a hacer compras, solo podían trasladarse hasta cinco cuadras desde su domicilio y Juan, como todos los comerciantes de la zona, se vio duramente afectado.

Sus ventas cayeron a lo mínimo, intentó reinventarse, incursionó en la venta online, por Facebook, realizando envíos, y aunque el negocio comenzó a mejorar, no fue suficiente para levantar el cuello por encima de la asfixia.

Llegó el día en que no quedó mas opción que la que intentaba evadir: cerrar. Y con el corazón en un puño pero con el espíritu lleno de esperanza buscar un nuevo horizonte, reinventarse y aventurarse en lo único que conoce para salir adelante, trabajar.

El FEDERAL NOTICIAS visitó a Juan en su nuevo emprendimiento. El viernes desembarcamos en la ciudad de La Banda, recorrimos la avenida comercial hasta llegar a una esquina pequeña, Aristóbulo del Valle y Coronel Rivas: “Panadería Virgen del Valle”. Al cruzar la puerta vidriada, tres sonrisas radiantes nos dieron la bienvenida, Juan y sus dos hijas, que inmediatamente se colocaron sus respectivos barbijos para saludarnos.  

Se trata de una panadería pequeña, realizada toda a pulmón, como siempre lo ha hecho Juan. Él es dueño, panadero, pastelero y quien hace la atención al público cuando las obligaciones de sus hijas no les permiten ayudarlo. “Es un rubro que siempre me ha gustado pero nunca había realizado, he aprendido a hacer pan y todo lo que ves en venta al abrir este lugar”, nos confiesa.

Hacia atrás del sector de ventas se encuentra la verdadera panadería, lugar donde nuestro anfitrión transcurre todos sus días desde hace dos meses; “llego aquí a las 6 de la mañana para hornear todo lo que deje preparado la noche anterior, cierro al medio día para almorzar con mis hijas y darme una ducha antes de regresar a las 16. Luego de cerrar el negocio me quedo preparando el pan y los criollos del día siguiente, debo terminar todo antes de las 12 para llegar a casa antes que termine el horario permitido de circulación”.

El lugar de trabajo es pequeño considerando todas las herramientas de trabajo y el horno, pero allí Juan trabaja solo y se mueve ya con mucha facilidad, familiarizado con el trabajo. Tiene ya leudadas bandejas de francés y criollos, la producción de la siesta sabiendo que vendrán sus clientes de siempre a comprar para la merienda y cena y sabe que si no prepara esas bandejas, no le alcanzará la producción de la mañana “de a poco las ventas van mejorando, hoy estoy haciendo 12 kilos de pan por día, empecé con 4 kilos”, nos cuenta con alegría.

Juan comenzando la cocción de criollos de la tarde.

Poco a va probando nuevas recetas, no vende nada que él no consume, asegura que si él no está conforme con su producción no podría ofrecerla al público. Mientras conversamos coloca el carro en el horno, el reloj marca 24 minutos de cocción. Y al tiempo que las masas se entregan al calor del horno, nosotros nos adentramos en una conversación más íntima.

Luego de cerrar la pañalera, Juan vendía pañales y leche a domicilio, productos que aún se amontonan en su vivienda. Como la situación económica empeoraba decidió también vender descartables, haciendo de proveeduría a negocios barriales. Y un día llegó la propuesta. Un panadero vendía todas sus herramientas de trabajo, se trataba de un comercio más que cerraba sus puertas pero le ofrecía una ventana de luz a nuestro amigo. No contaba con dinero para invertir, por el contrario, la cuarentena le había dejado algunas deudas, “hoy me doy cuenta que debería haber cerrado tres meses antes la pañalera, pero abrazada la esperanza de no hacerlo”.

Empeñó su vehículo y con algunos pesos que aparecen cuando “las cosas se tienen que dar”, compró las herramientas para abrir su panadería. Juan asegura que su trabajo y su relación con los clientes lo han cruzado con mucha gente buena que lo ha motivado de diferentes formas a no bajar los brazos. Y así fue como un cliente le enseñó la receta del pan y otra le dijo que tuviera fe en la virgen, dándole nombre al nuevo sueño.

Era el 8 de diciembre y todo estaba listo para empezar, sólo faltaba que le colocaran la luz en el local que le presta la madre de sus hijas. Será por burocracia o los tiempos de la cuarentena que nada tienen que ver con los tiempos de la gente, pero la conexión trifásica tardó más de la cuenta y recién llegó un jueves de febrero. Para entonces las ganas se transformaron en ansiedad y las energías en nerviosismo. Dos meses sin trabajar habían cavado hondo en el corazón esperanzado.

Ese mismo jueves conectó las máquinas y preparó su primer kilo de pan. Receta que había aprendido hacía dos meses atrás. “El sabor es delicioso, pero estaba tan duro como este palote” nos cuenta Juan mientras esboza una sonrisa melancólica y golpea con suavidad el palo de amasar sobre el mesón.

Sin desanimarse el viernes preparó otro kilo de pan y obtuvo los mismos resultados. Al día siguiente el dueño de la receta llegó para cocinar juntos y aprender a usar las herramientas, el pan salió perfecto y Juan no lo dudó. El domingo preparó 3 kilos de pan y abrió sus puertas al público. “Con el primer pan que me conformó abrí sin dudar, de puro valiente, no podía seguir un día más a puertas cerradas”.

Desde ese día las ventas se incrementaron, los vecinos conocen el horario que “sale” el criollo calentito y saben que toda la producción es fresca y se hace con mucho esfuerzo y amor. Mientras escuchamos la historia dos vecinos llegaron a buscar el criollo caliente, el horno avisa que faltan 7 minutos.

Juan nos invita unas tucumanitas, son unas tortillitas pequeñas realmente deliciosas. Podemos darnos cuenta cómo disfruta Juan de su panadería, algo que aprendió a hacer para sobrevivir, “no fue fácil cerrar la pañalera, no por cambiar de rubro, sino porque no es justo, no ha sido justo tener que hacerlo así”. No quiere demostrarlo pero la voz se le quiebra y los ojos vidriosos lo delatan. “Uno se esfuerza a diario, por los hijos, para salir adelante por ellos, pero siempre la vida te pide más y te pone a prueba”.

Con 55 años Juan es tan solo una historia de las miles que podríamos contar hoy. Es tan sólo uno de los tantos trabajadores que tuvieron que reinventarse, evolucionar, soltar con lágrimas en los ojos y manos cansadas su sustento y redoblar fuerzas para emprender otro nuevo, nuevo trabajo, otro sueño.

Cuando el horno se abre, las bandejas nos envuelven con ese aroma exquisito a pan recién horneado. Tres clientes hacen cola en la vereda esperando llevar lo que aún se encuentra en bandejas. Juan y su hija los reciben con la misma calidez que nos han ofrecido durante la tarde de visita. Antes de despedirnos compramos criollos y bizcochos que serán nuestra colación para el regreso, prometiendo volver en busca de más.-

ElFederalNoticias.com es una novedosa plataforma digital de actualidad y noticias.

Somos una red de profesionales que se enlazan desde cada rincón del País, quienes suman esfuerzos para publicar las cuestiones neurálgicas de la actualidad, en una agenda que incluye además ciencia y tecnología, salud, deportes y otras secciones de información general.

Suscribite a El Federal Noticias Suma tu aporte

Aporte por única vez

Suscripción Mensual