Icaño, cuando la historia se hace presente

Icaño es un pueblo ubicado sobre la Ruta Nacional 34, a ciento ochenta y cinco kilómetros al sudeste de la Ciudad Capital de Santiago del Estero.

Icaño carece de documento oficial que reconozca explícitamente su fundación, y si bien su fecha tampoco está definida exactamente se remonta a 1880; siendo la más antigua del Departamento Avellaneda.

Data del tiempo de la conquista aunque su historia se remonta a miles de años en los vestigios de los pueblos originarios.

La voz “Icaño” entre sus acepciones más reconocidas, proviene del nombre de un pueblo indígena, radicado sobre la margen derecha del Río Salado y a chingolo o icancho en quechua, por la abundancia de este pájaro en la región.

Dicen que es el pájaro que mas tarde se acuesta, por esto se escucha cantar al anochecer cuando los demás pájaros ya duermen.

Varias fueron las tribus de indios que poblaron este sitio.

Originariamente, esta zona estuvo habitada por los tonocotés, gente alegre, aficionada a cantar y bailar. Vestían con un delantal de plumas de avestruz, los hombres, y las mujeres delantales confeccionados con fibra de chaguar o de tela de guanaco o llama. Ambos solían cubrirse el torso con mantas, en el invierno. Eran sedentarios. Practicaban la agricultura además de la caza, pesca y recolección; cultivaban maíz, zapallo y porotos. Eran muy buenos pescadores. Criaban aves domésticas y ñandúes y recolectaban algarroba, tuna, chañar, mistol y raíces silvestres. Eran hábiles tejedores. Teñían las fibras de vivos colores con tinturas de origen vegetal, animal o mineral. Conocían la alfarería y fabricaban diversos utensilios y preparaban sus bebidas de algarroba y maíz.

Formaban parte de un complejo cultural andínico, cuyos vestigios arqueológicos fueron localizados prncipalmente en Sunchituyoj y Llajta Mauca. Su epicentro estaba en la zona centro-sur de lo que hoy es Santiago del Estero, hace unos 1500 años.

Cuando llegaron los españoles los sometieron rápidamente, gracias a que eran pacíficos. Les interesaba esta zona por la abundancia de mano de obra servil.

La creación de los pueblos a partir de 1612 conllevó a la desestructuración de las antiguas comunidades originarias.

En 1699, la primera casa que se hizo construir fue en el lugar denominado Las Trincheras, implantando dos molinos harineros y dedicándose a la siembra de trigo. Una de estas piedras aún se conserva en esta localidad.

Al lugar se lo denomina así porque los primeros pobladores se atrincheraban para pelear contra los indios.

La tradición indica que en tiempos del avance de los criollos sobre estas tierras, diferentes comunidades indígenas celebraban, las trincheras donde también se realizaban las pechadas de caballos tal como sucede en la actualidad, aunque convertidas en carnavales.

Icaño es uno de los pueblos que todavía guarda casi intacta una de las celebraciones populares más antiguas de esta tierra. Tal vez resistiendo al tiempo.

Música, canto, baile, bombitas, pintura, agua, barro, harina, tradicionales pechadas a caballo y sobre todo el encuentro entre quienes habitan este suelo y quienes transitan muchos kilómetros para volver a reencontrarse con sus afectos, son el paisaje común de esta original fiesta de alto valor social y cultural.

Entre 1889 y 1890 llegó el ferrocarril Buenos Aires y Rosario, luego lo hicieron el Central Argentino y el Bartolomé Mitre. Entonces, se le da a la estación el nombre de Icaño, en sentido recordatorio e histórico hacia esa tribu indígena.

Cuenta la historia de Santiago del Estero que desde fines del siglo XIX está surcada por viajes con trenes de pasajeros, de cargas, modestos trenes forestales y, sobre todo, esas formaciones que a paso lento unieron pueblos y obrajes.

Siempre aparecen recuerdos de viajes hacia las grandes ciudades, de vacaciones y sin duda, las emocionantes despedidas de aquellos que partían en busca de un destino desde andenes que siempre esperarían su regreso.

La creación del pueblo en 1892 respondía a una política pública desarrollada por los gobiernos provinciales, de creación de pueblos en lugares aledaños a las estaciones ferroviarias y la reorganización de los ya existentes.

De la mano del ferrocarril llegaron inmigrantes que junto a la población criolla, esa mezcla mestiza e india de todo nuestro territorio fueron forjando su acervo actual.

En Icaño parecieran converger los sueños y grandezas de la epopeya colonizadora e industrial con la identidad de un pueblo que vuelve a sus raíces.

Este año Icaño cumplió 129 años y lo festejó de manera virtual, debido a la pandemia con la puesta en valor del sulky, un vehículo de uso cotidiano en la rutina de los icañenses.

Forma parte de su paisaje diario. En sus calles céntricas y en sus caminos vecinales es una postal común. Es el canal para llegar desde los parajes cercanos hasta el pueblo para realizar las compras, a veces acudir a la sala de salud o a realizar algún trámite.

Hay alrededor del sulky innumerables historias de nacimientos, pérdidas, esperanzas, tristezas y todo tipo de vivencias 

Dicen que los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de su destino y los que se apoyan en tumbas gloriosas aseguran el porvenir..

En Icaño el silbido de una locomotora, el traqueteo de un vagón, el colorido de un carnaval, los vestigios de sus ruinas y el cauce del río que les dió vida a sus ancestros se convertirán en la posibilidad siempre vigente de un destino mejor.

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