“Hambre emocional”

OPINIÓN
Por Noelia Ojeda *


Hablemos de alimentación emocional

Muchas veces comemos sin tener sensación de hambre o poco después de haber comido movilizados por sensaciones de un momento, como estrés o ansiedad, hasta por sentirnos aburridos, mucho más en tiempos de pandemia donde el ritmo diario ha cambiado.

Comer no tiene el mismo significado para todos. En cuanto al aspecto emocional, es tan complejo que algunas personas pueden sentir placer y culpa simultáneamente mientras comen.

La alimentación emocional hace referencia al modo en que las conductas alimentarias son influenciadas por las emociones y estados de ánimo cotidianos, en las que se consumen determinados alimentos como estrategia para aliviar procesos psicológicos.

Debemos reconocer ésta manifestación ansiosa cuando de pronto tenemos un antojo que surge de golpe y tiene que ser satisfecho rápidamente. En general es de algún alimento específico. Cuando empezamos a comerlo, sentimos que no podemos parar o que necesitamos comer más, incluso después de saciarnos.

Suele aparecer entre comidas y la sensación principal no es la de hambre, sino la de ansiedad. Otro indicio es que luego de comer suelen aparecer sentimientos de culpa, vergüenza o remordimiento.

Recordemos que comer no es exclusivamente un proceso fisiológico, sino una acción sociocultural y afectiva. Necesitamos rescatar las relaciones más saludables asociadas a la comida, intentando de este modo lograr un equilibrio

¿Qué es el hambre emocional?

Es un síntoma de ansiedad, que se caracteriza por una búsqueda de satisfacción en la comida ante un conflicto emocional no resuelto, proporcionando alivio, pero no solución.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Suele estar relacionada con estrés, depresión, baja autoestima, autoexigencia, vulnerabilidad, obsesión por la imagen, aburrimiento, tristeza. También puede surgir como hábito desarrollado en la infancia donde se utiliza para premiar o castigar, o por influencias sociales.⠀

¿Cómo funciona el ciclo del hambre emocional?

Supongamos que tenemos un mal día, esto puede hacernos sentir inseguro, triste, enojado, frustrado o una mezcla de todas las anteriores. Frente a esto, nuestra mente va a buscar paliar eso con algo placentero como una comida “reconfortante”.

Esta ingesta puede hacernos sentir mejor momentáneamente. Pero probablemente, cuando terminemos de comer por una razón emocional nos vamos a sentir culpables, nos vamos a reprochar y hablar negativamente.

Así se establece un circuito que nos lleva nuevamente a hacer algo para sentirnos mejor. ¿Comer un poco más? Tratar de encontrar algo de alivio de la emoción negativa inicial.

¿Qué podemos hacer?

Identificar emociones, saber que hechos generan tal ansiedad y reemplazar la satisfacción que genera la comida con acciones de descarga y distractoras, por ej. Escribir, leer, mirar tv, hacer actividad física, meditación, yoga.
Registrar y planificar a diario que y cuando comer, que sensación genera antes, durante y después de hacerlo, con el fin de evitar la improvisación.

Generar una pausa entre la sensación del hambre emocional y la acción, para controlar el momento en que lo haremos.

Generar hábitos de alimentación como por ejemplo mantener un mismo espacio y horario, hacerlo sin distracciones, de forma pausada.

Recuerden que sentir hambre no es lo mismo que tener hambre.⠀



*⠀Licenciada en Psicología – MP 1166/MN 66807⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

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