Fernández beneficia a un empresario que financió su campaña electoral y descarta un tratamiento cordobés exitoso

El Gobierno nacional no apoya ni técnicamente ni con recursos un estudio que se hizo en más de 150 pacientes de Córdoba, Buenos Aires, Jujuy y La Rioja.

Alberto Fernández en una visita a la planta de su laboratorio favorito, de Hugo Sigman.

BUENOS AIRES.- Mientras un grupo de investigadores cordobeses del Conicet desarrolló un medicamento que fue tratado en más de 150 pacientes con éxito, el gobierno de Alberto Fernández no hace nada para impulsar este innovador tratamiento contra el coronavirus. Es que Fernández tiene apostado el pleno a la vacuna de Oxford.

Detrás de esta decisión hay un negocio redondo. Millonario. Para Hugo Sigman, uno de los empresarios más afines al gobierno nacional y que fue uno de los principales financistas de la campaña electoral que puso a Alberto Fernández en la Casa Rosada. Un traje a medida.

Del otro lado, un grupo de investigadores que probaron el tratamiento en más de 150 pacientes de Córdoba, La Rioja y Buenos Aires. La investigación empezó hace siete años, a cargo de Dante Beltramo, el investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y del Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba (Ceprocor). En ese entonces, el equipo de Beltramo modificó la molécula del ibuprofeno haciéndola 100 por ciento soluble en agua, para administrarlo en nebulizaciones con el objetivo de tratar a pacientes con fibrosis quística, una enfermedad genética con altas tasas de mortalidad que afecta a niños y adolescentes.

Con el aval del gobierno cordobés, Beltramo empezó a investigar si era posible aplicar la molécula para esta nueva enfermedad.

“El producto consiste en una ‘solución hipertónica de ibuprofeno’ (ibuprofenato sódico soluble)” que, al someterlo al sistema de nebulización, “genera partículas con efecto viricida, que al intercalarse en la bicapa lipídica de virus envueltos como el SARS-CoV-2 desestabilizan la membrana generando lisis, o sea, muerte del virus”, dijo el científico hace unas semanas. “Lo que se observa es un efecto rápido y que los pacientes se empiezan a sentir bien en forma casi inmediata”, manifestó Beltramo.

Hacia mediados de mayo, Salva se contactó con Alexis Doreski, director de Investigación de Fundación Respirar y quien está a cargo del proyecto cordobés “Ibuprofeno inhalado” en Buenos Aires, y con Nicolás Martínez Ríos, de Química Luar para solicitarles información sobre el tratamiento.

Así fue como el experimento cruzó la barrera de Córdoba a Buenos Aires. La clave del proceso era que otras personas no se contagiaran mientras se nebulizaban a los pacientes con ibuprofeno inhalado. “Nos explicaron muy claramente los efectos para nosotros desconocidos del ibuprofenato en forma inhalatoria, que alcanzaba una concentración cientos de veces mayor al ibuprofeno administrado en forma oral, nos contaron de los primeros pacientes tratados en Córdoba y los resultados obtenidos”.

Así fue que el director médico de la clínica, Jorge Fandi, decidió junto con Salva, el equipo de COVID y su coordinadora Celia Giler, utilizar en forma compasiva el ibuprofenato inhalatorio con los pacientes más graves, “para los que la posibilidad de muerte era muy alta y no había (tampoco lo hay en el presente) tratamientos efectivos”.

Y tras señalar que “ante la explicación de por qué se proponía el tratamiento, la aceptación de los pacientes fue inmediata”, Salva destacó que “siempre son ellos (por los pacientes) los mejores maestros”.

“Pero doctor, es ibuprofeno administrado de otra forma. Ya tomé muchísimas veces esta medicación. ¿Qué podría llegar a pasar?”, “y si no acepto ¿qué tratamiento me van a dar?”. “Por suerte ese temor duró solamente unos días”, contó Salva. “Recuerdo al primer paciente al que propuse el tratamiento porque estaba muy fatigado y con mala saturometría -dijo-. La falta de aire se le veía en la cara. No es fácil transmitir esa sensación; hay que imaginarse estar debajo del agua más de un minuto y cómo se empieza a sentir sensación de asfixia”. “Al día siguiente era otro paciente. Mis colegas no me creían”, aseguró.

En este grupo, la mortalidad fue de cero. Ningún paciente falleció si la etapa 1 de infección viral se resolvía sin comprometer el pulmón.

Y tras asegurar que cuentan con más de 80 pacientes –en Buenos Aires- tratados con ibuprofenato inhalatorio, Salva destacó que “todos los casos fueron pacientes graves o muy graves”. Es por eso que el médico se siente en el “deber moral de comunicar la experiencia fundamentalmente para que otros puedan beneficiarse y conscientes de que todos los días se están contando en el país muertes por COVID-19”.

La provincia de Jujuy envió su avión sanitario a Buenos Aires en busca de ibuprofeno inhalado tras ver los primeros resultados

“Ya hay un tratamiento y es argentino. Surgió en Córdoba, siguió en Buenos Aires, después en Jujuy -no dudó en aseverar-. Los médicos que están en la primera línea y sus pacientes, saben perfectamente de lo que estamos hablando; ojalá nuestras voces sean tenidas en cuenta, porque nos mueve el cariño hacia lo que hacemos”.

La Sociedad Argentina de Neumonología respaldó el tratamiento cordobés, pero desde la Casa Rosada siguen pensando cómo beneficiar al amigo Sigman.

“Este uso terapéutico sólo se lleva adelante bajo los términos metodológicos de “uso compasivo”, es decir, una indicación para pacientes graves con el debido consentimiento. Como no tiene un marco legal mayor que el señalado, no cumple los criterios de investigación que permitan obtener conclusiones de seguridad y eficacia”, señala la comunicación de la Sociedad Argentina de Neumonología.

Luego de repasar las provincias donde se hicieron tratamientos con ibiprofenato de sodio, el ente profesional señaló: “No se han reportado a la fecha contagios por aerosolización del producto al nebulizarlo, utilizando los elementos de protección personal y una capota especialmente diseñada. Los médicos e investigadores no han reportado efectos adversos seriosen los más de 150 casos tratados”. Ver el documento en el siguiente link.

El presidente Alberto Fernández dijo el 12 de agosto que la vacuna iba a costar entre “3 o 4 dólares” y que iba a ser producida en Argentina por el laboratorio privado mAbxience del empresario Hugo Sigman y envasada en México por Liomont bajo el patrocinio de la Fundación Carlos Slim.

Hugo Sigman informó que una planta de maBxience ubicada en Escobar ya inició la producción de la dosis. “Ningún gobierno jugó ningún papel, esta fue una negociación entre privados”, aclaró en una entrevista con Marcelo Longobardi.

Hugo Sigman es el dueño del Grupo Insud, al que pertenece el laboratorio mAbxience, integrante del consorcio internacional que fabricará la vacuna contra el coronavirus desarrollada por la Universidad de Oxford en la Argentina.

Hugo Sigman y Cristina Kirchner, un empresario siempre abrazado al poder K.

Sigman confirmó que su laboratorio producirá un mínimo de 150 millones de dosis -máximo de 250 millones- para toda Latinoamérica, con excepción de Brasil, que tiene otro convenio. La financiación de esto proviene de la Fundación Slim, el laboratorio Liomont y de nosotros mismos. La facturación sería 1.000 millones de dólares. Tantos ceros no entran en una calculadora común.

Sigman tiene una larga trayectoria con el PJ. Su relación personal con el ministro de Salud Ginés González García, se consolidó en tiempos de la presidencia de Néstor Kirchner y la ley de medicamentos genéricos. Además, tiene un muy buen vínculo con el propio Alberto Fernández.

En 2009, durante la pandemia de Gripe A, Sigman también tuvo un rol a la hora de conseguir la producción nacional de vacunas. A través de un acuerdo con el laboratorio suizo Novartis obtuvo la licencia para fabricar la vacuna en el país, en un momento en el que los dólares comerciales que se gastaban para comprar las versiones importadas dolían cada vez más.

Alberto Fernández celebró que Oxford y AstraZeneca contrataran al laboratorio mAbxience, que pertenece a Hugo Sigman, para la fabricación de la vacuna que todavía se está investigando. A pesar de que Sigman dijo que se trata de un acuerdo entre privados, el ministro Ginés González García adelantó que el Estado adquirirá 11 millones de dosis de la vacuna. “El que la necesite la va a tener, pagada por el Estado”, aseguró.

No debe sorprender, sin embargo, que el Estado argentino delegue en Sigman la provisión de la vacuna.

Antecedentes del vínculo con el kirchnerismo

Durante la gestión de Juan Manzur como ministro de Salud de Cristina Kirchner, a través del decreto 1731/2009, el Estado declaró de interés nacional la instalación de una fábrica de vacunas antigripales del consorcio Sinergium, formado por Novartis, Biogénesis Bagó y Elea. Las dos últimas tienen a Sigman como accionista. La actual vicepresidenta hizo el anuncio con la misma emoción patriótica que embargó a Fernández cuando informó el acuerdo con el laboratorio inglés. El Estado garantizó a Sinergium la compra monopólica de lo que produjera por diez años. Ese convenio está por vencer.

El suministro de vacunas es una actividad opaca. En 2015, se compraron 7,6 millones y se aplicaron 5,3 millones. En 2016, se compraron 7,4 millones y se aplicaron 5,9 millones. En 2017, se compraron 8,4 millones y se aplicaron 5,3 millones. En 2018, se compraron 8,3 millones y se aplicaron 3,7 millones. Ese último año el Estado pagó 1068 millones de pesos. Da la impresión de que se compran muchas más vacunas de las que se necesitan. A propósito: ayer González García se escandalizó porque encontró un cargamento de vacunas vencidas, compradas en 2017. Las cajas decían Sinergium. Léase Sigman. El ministro concluyó: “Al gobierno de Macri no le interesaba la gente”. La cuestión es delicada: hasta noviembre de 2016 la directora de Inmunización, encargada de calcular las compras, era Carla Vizzotti, la vice de González García. ¿Quedó gente sin vacunar o se compraron muchas más dosis de las necesarias?

Sigman se ató más al kirchnerismo con Manzur como ministro de Salud. Anticuerpos y vacunas. Dos lazos indestructibles. Era lógico que, en septiembre del año pasado, le dijera a Jorge Fontevecchia: “Me pondría contento que Manzur tuviera un rol importante en el gobierno”. En el mismo club de amigos participa el sindicalista de la Salud Héctor Daer, representante de Fernández en la CGT. Una curiosidad. La entrevista con Fontevecchia se tituló: “No veo a Alberto expropiando empresas”. La semana pasada Sigman despidió en un aviso fúnebre a Sergio Nardelli, el titular de Vicentin.

Las relaciones de Sigman con Cristina Kirchner se habrían enfriado. Unos creen que es por su auspicio a Manzur, quien desde Tucumán, con Daer al lado, señaló a Fernández como el nuevo jefe del PJ. Una versión de mayor profundidad cree en otro motivo: la proximidad de Sigman con el tenebroso Antonio Stiuso, otro amigo de Manzur. Ese vínculo, siempre incierto, nació en España. El país de Felipe González, que une a Sigman con Slim. El país donde Sigman fijó su residencia fiscal. El país donde Máximo Kirchner no podrá alcanzarlo con su impuesto a la riqueza.

Sería un error circunscribir al kirchnerismo la gravitación de Sigman. En Cambiemos sostienen que el adversario tucumano de Manzur, José Cano, no fue ministro de Salud por un veto de este empresario. Otra presunción: ¿Lino Barañao, entusiasta mediático de la eventual vacuna, fue ministro a ambos lados de la grieta gracias a ese padrinazgo?

En septiembre de 2016 aparecieron, demorados en la Aduana, tambores de seudoefedrina importados por Sigman desde Suiza. Desde sus empresas aclararon que era una sustancia distinta de la efedrina. Y que él solo importa efedrina para fabricar el Benadryl. El detalle, sin embargo, agitó un fantasma, que Elisa Carrió recogió en octubre del año pasado. Implacable fiscal de Sigman, Carrió le dijo a Federico van Mameren, de La Gaceta de Tucumán, que “Manzur sabe que el mayor importador de efedrina del país es Hugo Sigman y por eso 40% del financiamiento de la campaña (de Fernández) viene de Tucumán”. En una geometría imposible, Elisa Carrió y Cristina Kirchner cruzan sus miradas.

La Argentina autorizó que se realicen en el país estudios de fase 3 de la vacuna china contra el coronavirus de Sinopharm Group, que desarrolla el Laboratorio Elea Phoenix. Lo anunció este viernes en una ceremonia con autoridades de las empresas involucradas el ministro de Salud Ginés González García después de que la fórmula recibiese la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

“Con una ceremonia en la que participaron autoridades de la Argentina, China y de la empresa Sinopharm Group, de China National Biotec Group, y del Laboratorio Elea Phoenix, se anunció el inicio de los ensayos clínicos de Fase III de la vacuna inactivada de origen chino contra el COVID-19”, indicaron desde la cartera sanitaria en un comunicado.

El imperio Sigman

Las empresa farmacéuticas de Insud son Chemo (materias primas), Exeltis, mAbxience y Xiromed (genéricos en EEUU y Europa) y son accionistas de Sinergium Biotech (vacunas humanas complejas), Elea Phoenix, la química Maprimed, Bioceres, Inmunova y Biogénesis Bagó. En el rubro agronegocios producen granos, leche, carne y madera a través de Garruchos Agropecuaria, Pomera Maderas y Cabaña Los Murmullos. Publica libros, Le Monde Diplomatique y Review. Y tiene la productora de cine Kramer & Sigman Films, con la que filmó Relatos salvajes y La odisea de los giles, entre otras.

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