El Milagro Ruso

Por Sandra Pitta*
EL FEDERAL NOTICIAS

Argentina siempre espera milagros. Ya sea un nueva etapa de commodities a precios estratosféricos, o un esquema de convertibilidad eterna sin reducir el gasto fiscal o esa lluvia providencial que está predestinada a salvar cosechas. Siempre hay un milagro esperando en algún lugar para salvar a la Argentina de la derrota final y definitiva. En esos andariveles discursivos transcurrió toda la pandemia. Mientras en otros países testeaban, rastreaban y aislaban, acá nos dedicábamos a ver filminas dudosas y aplaudir éxitos predestinados. Pero esta vez parecía que el milagro era esquivo. Las curvas se tornaron exponenciales y la magia se diluía. Entonces llegaron las vacunas y el milagro volvió a brillar. Primero era cualquier vacuna de las muchas que estaban en su fase final de experimentación. Pero, de pronto, apareció la vacuna salvadora. Y como todo lo que es salvador y mágico, transcurrió en secreto, con viajes misteriosos y personajes desconocidos. ¿Quién tomó la decisión? Difícil saberlo. En nuestro gobierno de mamushkas rusas, se dificulta entender exactamente qué muñeca, de las sucesivas que alberga la matriz hueca, tiene el verdadero poder.

Sobre la vacuna rusa el mundo científico mundial coincide en que hay mucho secretismo, pocos datos y muchas dudas. Solo en Argentina, o quizá también en Venezuela, se ha transformado un tema científico en un ariete ideológico. Asisto asombrada a una temporada donde muchos expertos en vacunas en Argentina se abstienen de dar la discusión esencial, que es científica, y se ocultan en comentarios suaves del tipo “todo desarrollo es promisorio”. ¿Nadie quiere romper la pompa de jabón?

Los milagros son siempre atractivos. Son sencillos, inmediatos y no demandan explicaciones complejas. Es una pena que no existan, salvo en ciertas mentes afiebradas. En un país con los cuatro climas, tierras fecundas, recursos naturales siempre todos se preguntan por qué le fue tan mal a Argentina a lo largo de los años. ¿Será porque los milagros no se producen solos? ¿Será porque lo que cultiva en esas tierras fecundas no son yuyos que crecen sin ningún tipo de cuidados especiales, como la actual vicepresidenta decía de la soja allá por el 2008? Recuerdo de aquel discurso que ella también comentaba que la ventaja de la soja era su resistencia al glifosato, como si esa resistencia le viniera dada por la naturaleza y no por la ciencia a través de ingeniería genética. También en esa época, y en ese discurso, comentaba que el mismo glifosato se usaba para desterrar plantaciones de coca en Colombia. Quizá nadie le avisó que esa coca no estaba ingenierizada para resistencia al glifosato. Creo que el razonamiento de Cristina en torno a ese tema es muy parecido al que actualmente hacen muchos en torno a las vacunas para el COVID: se basan en una profunda ignorancia científica. No sería preocupante si esta ignorancia proviniese solo de personas como Cristina, cuya formación no es científica. Sí me asombra que individuos formados en esas áreas hagan ditirambos semejantes.

En definitiva, el milagro que nos va a “salvar” es una vacuna que proviene de un país que hace del secretismo y el ocultamiento de datos casi una religión. Visto así, no me sorprende que tantos, incluso científicos, crean en el milagro ruso.

*Sandra Pitta Farmacéutica y Biotecnóloga, Investigadora CONICET, Coordinadora de los Equipos Técnico-Profesionales de Banquemos

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