Dos que quieren cambiar el mundo

Por Ricardo Lafferriere*

“Querido Lula, yo no lo tengo a Néstor, no lo tengo al Pepe Mujica, no lo tengo a Tabaré, no lo tengo a Lugo, no lo tengo a Evo, no la tengo a Michelle, no lo tengo a Lagos, no lo tengo a Correa. No lo tengo a Chávez. A duras penas somos dos que queremos cambiar el mundo. Uno está en México, se llama Andrés Manuel López Obrador y el otro soy yo”.  (Prof. Alberto Fernández, Facultad de Derecho, UBA)

Raro, falta Francisco. O se olvidó, o lo considera por encima de todos.

Sin embargo, el gobierno de uno de los que quieren “cambiar el mundo” se apoya fuertemente en la absolución terrenal emanada del Vaticano, que todo lo justifica en pos de la magna tarea de construir una comunidad homogénea de pobres siervos, temerosos del castigo divino de la pandemia y condenados a la indiferencia eterna si se atreven a sacar los pies del redil.

(El otro, está arreglando todos los días con el demonio del Norte sus problemas cotidianos y hasta le ofrece como ofrenda hacer de su país un gigantesco escudo represivo para impedir a los de más abajo, pobres y empobrecidos centroamericanos, a atravesar su país como puente rumbo al infierno, a donde quieren dirigirse a cualquier precio).

Hay un mundo que cambia aceleradamente… hacia adelante. La inteligencia artificial ya supera los más grandes cerebros humanos y, poniéndose en red en tiempo real, acerca rápidamente el momento de la “singularidad”. Esto es, una inteligencia planetaria de recursos y velocidad infinita en condiciones de hacerse cargo, con decisión humana, de la gestión de todo lo que existe: energía, alimentos, comunicaciones, transportes, investigación de lo más pequeño y lo más grande de la realidad, hurgar en los misterios de lo infinitamente pequeño -desde el entrelazamiento cuántico que permite, entre otras cosas, construir computadoras de seguridad total y velocidad suprema-, hasta la exploración del pasado remotísimo y los límites del universo conocido-.

No es posible aburrirse si se siguen las noticias del mundo. Ayer nomás se informaba de la megacomputadora que puede redactar informes y realizar investigaciones en milisegundos sobre temas que hasta hace poco tiempo requerían años o décadas de estudio, procesando a la vez 17 billones de datos obtenidos de Internet, del área de conocimiento que se le indique.

Pero no sólo eso: también neutralizar los efectos de la vejez, prevenir enfermedades incurables con edición genética, mejorar los cultivos para terminar con el hambre, capacitar a mujeres y jóvenes de países con poblaciones sumergidas en la miseria para formar empresas, encarar el mercado y progresar. Los que leen las informaciones que vienen del mundo siguen admirados por los avances en EEUU, China, Europa, Japón, Australia, Canadá y aún de países que hasta hace muy pocas décadas se alineaban con los extremadamente pobres, como Corea del Sur logrando sobre todas las áreas de la realidad avances espectaculares de bienestar, seguridad, la inclusión social más grande de sus respectivas historias y ofreciendo cada día un nuevo y asombroso logro.

Hay otro mundo que cambia aceleradamente… hacia atrás. Si sabremos de eso… Lo sufrimos, todos los días. Impunidad al que delinque, promoción por los canales públicos -”anche” privados…- del embrutecimiento general, oscurecimiento del pensamiento libre, desaparición creciente de los derechos ciudadanos, millones de nuevos desocupados, decenas de miles de empresarios -pequeños, medianos y grandes- aplastados hacia la necesidad de limosnas que administran los “jesuitas” de hoy, que no mandan en seguras misiones congeladas en el tiempo sino que desde el cinismo laico despojado de límites éticos utilizan formas parecidas, buscando convertir a la sociedad toda en una “misión”, que administren sin normas ni control.

Cierto. No lo tiene a Chavez, ni Evo, ni Lula, ni Correa, ni otros injustamente incorporados a esa lista (de la que, inexplicablemente se ha excluido a Maduro, Fidel y el Comandante Ortega). Algunos están muertos, otros presos condenados por delincuentes. Otros -como por estos pagos- siguen batallando en la justicia invocando inefables anglicismos para lograr impunidad. Otros siguen matando a su gente.

No. No los tiene. Afortunadamente.

Por eso no le será tan facil cambiar el mundo en esa dirección.

Afortunadamente.

*Ricardo Lafferriere – Abogado, Ex Senador y Diputado Nacional, ex Embajador argentino en España. Ex Presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado Nacional argentino