
El 4 de febrero cuando el mundo aún era el que todos conocíamos, nació Leona, una pequeña guerrera de 600 gramos que apenas comenzaba a transitar la semana 26 de gestación.
Leona pasó de estar en el cálido vientre de mamá, donde el latido de su corazón la abriga más que cualquier manta, a vivir dendro de una incubadora donde los contactos son a través de un guante y los rostros de mamá y papá sonríen y lloran detras de un vidrio tan lejano que parece un calvario.

Es ese el momento en el que los profesionales de la salud son indispensables no sólo para sostener a esa pequeña vida, sino tambien como pilares emocionales y humanos para las familias, porque sin su profesionalismo, corazón y humanidad el trayecto se convierte en uno de los caminos más complicados de transitar.
Leona cumplió su primer mes de vida y el mundo cambió. De repente nos encontramos sumergidos en una pandemia mundial y una cuarentena con las más rigurosas restricciones para cuidar la vida. Restricciones a las que esa pequeña guerrera y su familia, al igual que la de todos los prematuros, se encuentran atados desde el minuto cero.
El miedo a lo desconocido, las restricciones por el coronavirus y las preocupaciones adyacentes y normales en relación con los menores prematuros —todos los nacidos antes de la semana 37 gestación— fueron sostenidas por la confianza y el cariño que recibieron del equipo médico y de enfermería de neonatología.
Fué hacia fines de abril cuando Leona pudo estar, al fin, en brazos de su papá, casi a los dos meses de haber nacido. Su cuerpo frágil y pequeño practicamente cabía en las manos de su padre. Pero ambos se aferraban tan fuerte a la vida y el amor que ya los médicos podían ver en la pequeña un gran milagro y esperanza.
Los padres de Leona, Eliana y Diego, contaban con unas cuantas visitas al día con horarios restringidos para ver a su hija. Gracias a un trabajo lleno de amor y paciencia de las puericultoras, Eliana alimentó a su bebé con su leche materna y pudo darle el pecho desde que su tamaño se lo permitió, cumpliendo así su sueño de amamantar.
Pasaron 4 meses donde el corazón de los padres quedaba prendido de esa incubadora cuando regresaban a casa con los brazos vacíos hasta la nueva visita. Pero un día llegó la gran noticia, Leona iba a casa, con sus padres, a su hogar.

Según la Organización Mundial de la Salud, la prematuridad es la principal causa de defunción en los niños menores de cinco años, y provocó en 2013 cerca de un millón de muertes. Cada año nacen 15 millones de bebés antes de tiempo en todo el planeta, un promedio de 20 prematuros nacidos por día en nuestro país; de los que viven uno de cada dos.
Un niño es prematuro cuando nace antes de la semana 32, y el peso varía de acuerdo a la etapa gestacional. Desde Salud se trabaja constantemente para reducir esta condición que puede alterar el desarrollo del niño, reforzando los controles y mejorando la pesquisa y detección de enfermedades previas y congénitas.
El prematuro en épocas de pandemia
En esta fecha se pretende concienciar sobre la importancia de los padres y del entorno del pequeño en el proceso de cuidado y desarrollo de estos bebés, incluso y más aún, en plena pandemia.
Cuando surge oficialmente la pandemia a finales de febrero, comienzos de marzo, el miedo a una enfermedad desconocida, de fácil transmisión conllevó un temor muy importante e hizo que se tomaran medidas de contingencia, que han afectado a todas las áreas de la medicina y también a la neonatal y particularmente a los prematuros.
La OMS acertó al demandar que no se separara al niño de su madre y que se mantuviera la lactancia materna, a pesar la covid. Siendo un elemento indispensable y escencial pya que impacta en el desarrollo del cerebro del prematuro, en su salud y en el bienestar psicosocial del niño y su familia.-
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