La Asamblea General de Naciones Unidas que nuclea a países del mundo decidió designar el 22 de agosto como el Día Internacional en Conmemoración de las Víctimas de Actos de Violencia Basados en la Religión o la Creencia a partir del año 2019.
Una resolución muy reciente que implica visibilizar todos los actos de violencia contra las personas por su religión o creencia, así como los actos dirigidos contra sus hogares, negocios, propiedades, escuelas, centros culturales o lugares de culto; y los ataques que violan el derecho internacional en y contra lugares religiosos, sitios y santuarios.
De esta forma los Estados integrantes tienen la responsabilidad primordial de promover y proteger los derechos humanos, incluidos aquellos pertenecientes a las minorías religiosas y su derecho a ejercer su religión o creencia libremente.
La libertad de religión o de creencias, la libertad de opinión y de expresión, el derecho de reunión pacífica y el derecho de libertad de asociación son interdependientes, están interrelacionados y se refuerzan mutuamente.
Tales derechos están contemplados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y desempeñan un papel clave en la lucha contra todas las formas de intolerancia y discriminación basadas en la religión o las creencias.
En el mundo se reiteran a diario actos violentos en contra de la religión y las creencias, hombres, mujeres y niños son víctimas de atentados, persecuciones, encierros y hasta la propia muerte por profesar su culto libremente.
Es imprescindible el debate abierto, constructivo y respetuoso de ideas, así como el diálogo inter-religioso e inter-cultural, a nivel local, regional, nacional e internacional, para desempeñar un papel positivo en la lucha contra el odio religioso, la incitación y la violencia.
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