Déficit, maquinita y la deuda del Central

Por Lic. Juan Manuel Morales*.

Las publicaciones del Ministerio de Economía siguen mostrando una dinámica de las cuentas públicas realmente preocupante. Mientras el Gobierno Nacional pareciera anestesiado y sin mostrar nada parecido a un plan económico, en mayo se disparó el déficit fiscal alcanzando casi un punto del PBI en tan solo 30 días.

El mes de mayo los ingresos del Sector Público Nacional crecieron 2,4% alcanzado los $328 mil millones mientras que las erogaciones se incrementaron 97% ascendiendo a los $579 mil millones, si a esto le añadimos los pagos de intereses por casi $56 mil millones, el déficit financiero fue superior a los $308 mil millones. Con estos resultados el déficit acumulado en lo que va del año supera los $900 mil millones, habiendo sufrido un incremento del 50% en tan sólo el último mes, mostrando una preocupante propensión a ensancharse a gran velocidad.

Semejante agujero fiscal profundiza los problemas para la economía argentina, es que nuestro país no posee manera genuina de financiar el gran bache entre gastos e ingresos. Por un lado, el ahorro interno es escaso, propio de un sistema financiero minúsculo con una moneda nacional incapaz de conservar su valor en el tiempo, por otro, el ahorro externo sigue y seguirá fuera de alcance mientras no se negocie una reestructuración de deuda soberana con seriedad y llevando plan económico bajo el brazo que muestre sostenibilidad intertemporal del país para honrar los futuros compromisos. También está claro que subir impuestos en una economía a la que tributos le sobran, nunca es una opción lógica, menos en este contexto.

Entonces, la única (y para nada novedosa) manera de financiar al fisco es mediante el Banco Central. Fruto de esta exigencia, la entidad monetaria le transfirió al Tesoro en lo que va del año el equivalente a 1.2 billones de pesos y está atravesando un deterioro fenomenal en su balance por el crecimiento exponencial de sus pasivos. La dinámica funciona de esta manera: 1) el BCRA imprime pesos y los transfiere al Tesoro en forma de adelantos transitorios o giros de utilidades, 2) el Gobierno Nacional destina ese dinero al pago de sueldos, subsidios, transferencias a provincias y otro tipo de gastos habituales y 3) para que esa masa de pesos recién impresa no circule en la economía generando aún más presión inflacionaria y sobre el dólar, el BCRA aspira esos pesos mediante la emisión de deuda. Los instrumentos que el BCRA utiliza para esta tarea son las LELIQs y las operaciones de pases, ambos son de cortísimo plazo y son operaciones que el Banco Central realiza con los bancos comerciales únicamente.

El crecimiento de estos instrumentos fue tan explosivo en los últimos meses que la sumatoria de ambos pasivos en el balance del Central equivale a más de 2 veces la base monetaria. Es decir, el Banco Central mantiene una deuda con los bancos comerciales por el equivalente a dos veces la totalidad del dinero que circula en manos de los agentes de la economía.

Hoy una reforma monetaria que permita descomprimir la delicada situación contable del Banco Central únicamente podría ser exitosa como contracara de un plan fiscal orientado a reducir el déficit estructural. No hay manera posible de reconstruir la moneda y el sistema financiero doméstico mientras el Banco Central resigne su capacidad de hacer política monetaria para a ser la impresora de billetes del gobierno de turno. Mientras más pesos se impriman, más caerá su demanda y más insostenible será la situación. La hiperinflación no está tan lejos después de todo.

*Lic. Juan Manuel Morales – Fundación Nuevas Generaciones – Sede Neuquén