Cuando se despertó, el dinosaurio estaba ahí

Por Sergio Capozzi*
PARA EL FEDERAL NOTICIAS

“El dinosaurio” es un microrrelato del escritor guatemalteco de origen hondureño Augusto Monterroso, publicado en 1959 como parte del libro “Obras Completas”. Se le considera el relato más corto en idioma castellano, y ha sido motivo de debate e interpretación: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

La pregunta, que puede tener mil respuestas y provocar regueros de tinta mucho más extensos que ese microrrelato, es: ¿qué nos quiso decir Monterroso? ¿Por qué un dinosaurio? Salvo Pedro Picapiedra no hay otra persona que se haya despertado con un dinosaurio al pie de su cama.

Quienes hemos leído (o visto películas) sobre esos seres gigantescos sabemos que algunas de sus especies eran voraces y sumamente agresivas; por lo cual -de haber sido posible- no puedo imaginar a humanos durmiendo recostados sobre sus panzas. Tampoco se entiende por qué a pesar de que pasan los años, siglos y milenios, los hombres siguen durmiendo recostados contra monstruos y todas las mañanas despiertan  con la sensación de haber soñado la misma pesadilla; y ésta es mucho más real que el dinosaurio de Monterroso.

Desde que las sociedades existen como tales, los grupos humanos se fueron formando alrededor de un líder; el más fuerte, el viejo, el sabio. Así se formaron las aldeas, luego las ciudades hasta que aparecieron los estados modernos. En la Edad Moderna y luego la Contemporánea, el acceso a la información y -sobre todo- el dejar de ser nómades, provocaron cambios fundamentales: la aparición de la burguesía y el romper el mito acerca que el líder era un elegido por la divinidad o que era la divinidad misma. Los sucesos en Francia en 1789 fueron fundamentales para dar el paso fundacional de las democracias occidentales, aunque ya había algún antecedente, como el surgimiento de los Estados Unidos de América, o -desde mucho antes- la monarquía constitucional del Reino Unido.

No todos fueron lechos de rosas; ningún camino fue una recta. Muy por el contrario. Hasta la propia Revolución Francesa en los primeros tiempos pintaba como un fracaso; atravesó por los años del Terror para desembocar en un imperio, tal vez más violento y absolutista que aquel que se había derribado veinte años antes. El triunfo de los movimientos independentistas en América dejaron decenas de dictadores, señores feudales del Nuevo Mundo. Recién en el siglo XX, con el voto secreto y universal, las cosas se encausaron; aunque con muchas falencias.

Las dictaduras más nefastas son aquellas que en principio fueron legitimadas por sus propios pueblos. La Alemania nazi, la Unión Soviética estalinista, Yugoslavia, Cuba, Nicaragua y Filipinas son algunos ejemplos. Hay otros casos más sutiles: también arriban al poder gracias a los votos y -una vez allí- no llegan a abolir las instituciones democráticas, pero las socaban. Se convierten en populismos, de izquierda o derecha: Hungría, Turquía, Rusia, Venezuela, Bielorrusia, Argentina. Mantienen la piel del cordero: en apariencia siguen siendo democracias pero, cada día dan un paso más hacía el totalitarismo.

La politóloga guatemalteca Gloria Guzmán definió al populismo de manera simple y brillante: “primero te rompen las piernas y luego te prestan muletas para que eternamente les agradezcas este gesto”.  Claro que, el gobierno populista va a impedir de mil maneras que vos te las compres, porque dejaría de ser el proveedor; el único dador de felicidad.

Para lograr su objetivo necesitan apropiarse del pueblo, crearle un enemigo común: el neoliberalismo, los libertarios, los independientes, los que simplemente piensan distinto. Hay que ir por todo y para ello cooptan la justicia, construyen una economía cerrada y –fundamentalmente- convierten a la educación en una forma de adoctrinamiento.

El método a seguir en el caso de la justicia es deslegitimar a los tribunales superiores, alegar que están politizados: “lawfare”. Tratan de modificar el método de selección de nuevos jueces y el sistema de juicio político. La frutilla del postre es crear un tribunal “intermedio”, con competencia exclusiva en causas sobre corrupción donde funcionarios o exfuncionarios son los procesados. Las modificaciones a los códigos procesales es clave, el objetivo es transformar las causas penales en interminables. El condenado por corrupción tiene a su disposición una gama interminable de recursos: Cámara, Casación, Corte, Tribunales Internacionales. Juicios que culminan con la prescripción por el mero transcurso del tiempo. Tiempo durante el cual el condenado en primera instancia se mantendrá en libertad.

La maquinaria no para de generar nuevas ideas: quieren lograr que los jueces que ya cumplieron sesenta años de edad se jubilen y -si se niegan- intimidarlos con quitarle beneficios.  Ya, en Argentina, lograron algunas rendiciones.

Estas “dictaduras democráticas” avanzan sobre el idioma, empobrecen la lengua, no sólo crean términos sino que sostienen que el idioma inclusivo es la reivindicación de los derechos de la mujer, las mismas que en lo que va del año han sufrido 48 muertes violentas, más que los días corridos. Lo importante es el relato, hablar con “e” ó “x”, decir “concejalas” cuando el título es “concejales”. Aclaramos que el idioma inclusivo no alcanza el Braille ni el lenguaje por señas.

Hay que volver la vista atrás y ver el siglo XIX, concretamente los años ’80. Julio Argentino Roca fue quien unificó y reivindicó los derechos de las provincias frente al avance unitario de Buenos Aires, no fue el genocida de pueblos indígenas como lo pintan los revisionistas y pseudoprogresistas. El relato dice que murieron un millón de indígenas cuando fueron 1.600 y en cuanto a Roca, él no mató a ninguno, ni siquiera fue quien dio la orden de iniciar la campaña para ratificar la soberanía en el Sur de la Argentina. Sobre Sarmiento dicen que fue un extranjerizante y no quien logró, prácticamente, erradicar el analfabetismo. Ellos, más Pellegrini, Alberdi, Avellaneda y tantos otros, marcaron un camino; pusieron a la Argentina, ya pacificada, entre los países con mejor proyección, destino elegido por millares de inmigrantes.

Sin embargo, unos cincuenta años más tarde, salimos de la senda. Primero continuamos circulando por la banquina para-en estos tiempos- directamente estrellarnos contra un árbol.  Es que a los populismos no les interesa la educación; muy por el contrario.

Desde el denominador común de ese movimiento, esencialmente nihilista, se transformó en religión la palabra dogmática de los líderes mesiánicos. En nuestra región los Castro, Chávez, Maduro, Bolsonaro, los Kirchner, se han propuesto que los pueblos se convenzan que sólo ellos pueden liberarlos, romper imaginarias cadenas que no son más que aquellas que el mismo relato imaginario ha creado.

Lo peor que podemos hacer es subestimar sus habilidades, su capacidad para cooptar y captar. Mientras los desarrollistas y neoliberales ponen el foco en la economía y las competencias estatales, el populismo se ocupan de la cultura (que no es lo mismo que educación). Buscan referentes populares que enarbolen sus banderas, deportistas, actores, comunicadores sociales. De cosas mínimas hacen conquistas épicas, como un avión yendo a buscar doscientas mil vacunas, el velorio de un ídolo, el tratamiento legislativo de temas que golpean en la sociedad pero que no son urgentes, creación de ministerios de la Mujer cuando en Argentina, como ya dijimos, se produce más de un femicidio por día.

El populismo necesita mucho combustible para mantener en movimiento su engranaje: 18 millones de habitantes reciben beneficios desde los Estados Nacional, Provinciales y/o Municipales. Menos de la mitad de los jubilados han cumplido con los aportes obligatorios. Se crearon planes para quienes nunca hicieron aportes, se extendió el beneficio a las amas de casa, los adultos mayores también acceden a otro plan, las embarazadas, las madres recientes, la asignación universal por hijo, los ex combatientes, las jubilaciones graciables y las de privilegio. Todo esto no estaría mal sino fuera por el hecho que en estos días hay casi más trabajadores estatales que privados y, dentro de este último grupo, el 52% es irregular o está en negro.

Entonces, ¿cómo hace el populismo para seguir funcionando si, para colmo, no tiene crédito internacional? Emitiendo y creando más impuestos y tasas; casi 170. La presión tributaria más alta del mundo que para colmo no se utiliza como debiera: no se invierte en educación, salud y seguridad. La mejor escuela privada de la Argentina se encuentra en un nivel más bajo que el promedio de aquellas de los países más avanzados (hace algunas décadas era al revés), el ciudadano debe contratar una prepaga o aportar a una obra social y en cuanto a seguridad: basta ver televisión o leer los diarios (o salir a la calle).

En la creación de los enemigos imaginarios, el populismo va contra el campo y el empresariado. Hace unas décadas el valor de todas las empresas que cotizan en el MERVAL representaban el 40% de aquellas que cotizaban en el BOVESPA brasileño, hoy es el 2%. Es decir, nuestra economía cayó veinte veces. De las empresas denominadas Unicornios, ya quedan solamente dos, cuando llegamos a tener la mayoría en Latino América. En un año cerraron 22 mil empresas y se perdieron 300 mil puestos de trabajo.

Un informe acerca de los jóvenes del conurbano bonaerense señala que ellos ya han perdido las esperanzas, la mayoría tiene como norte irse del país. Solamente el 25% tiene un trabajo formal con salarios que ni siquiera alcanzan la línea de pobreza. El mito del progreso ha muerto. Estamos destinados a ser una sociedad mediocre, pobre, con rehenes que piensan que de votar a la oposición (que –está claro- tampoco hizo las cosas muy bien) se van a quedar sin el pan duro y la polenta que hoy pueden comer.

El populismo esta creando seres adultos vacíos y chatos, estériles y privados de profundidad, totalmente compatibles con el proyecto post-humano. Se ningunea el mérito. Afirma el pensador Onfrayque “los profesores leen menos y se encuentran incapacitados para entender textos de cierta complejidad. Esta aversión en relación al libro y a lo escrito, en relación al autor, a la ortografía, al estilo, a la gramática, a la sintaxis, a la literatura, a las obras maestras, a los clásicos, pero también el vocabulario, ha permitido formar una cadena de gente ignorante y sin instrucción, gente analfabeta y atrasada. Es bueno buscar entre esos militantes de la ignorancia a los pedagogos de los niños de hoy y de los adultos del mañana. ¿Qué cosa hay de mejor en la carrera de un solo imbécil en la instrucción pública para construir una, dos, directamente tres generaciones de imbéciles? “Nuestra época es la época del odio”, dice. Es contraria a la tolerancia. La tolerancia solo debe tenerse en cuenta para con aquellos que piensan del mismo modo. El alma de estos progresistas ha convertido al vicio en virtud.

Es así como en los últimos meses vimos y escuchamos a dirigentes gremiales oponiéndose al regreso de las clase presenciales, no les importa el millón de niños y jóvenes excluidos del sistema. Incluso uno de ellos llegó a calificar de “imbécil” al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Una observación: en las provincias donde los gobiernos son del mismo corte que el nacional, no se opusieron al inicio de las clases.

En estos días, desde el oficialismo se plantea la suspensión de las PASO. Incluso hemos escuchado al señor ahora exministro de Salud (el mismo que sostenía que el virus no llegaría a la Argentina) decir que serían un riesgo para la salud. ¿Qué se busca con esa medida? Que la campaña militante de vacunación tome ritmo, que por lo menos aquellos que siguen durmiendo con sus cabezas apoyadas en los lomos de los dinosaurios reciban las gotitas milagrosas de Maduro o de Putin (o de quien sea), y eso les permita afirmar –nuevamente- que si Macri hubiera estado en el gobierno, en nuestro país habría diez mil muertos.

*Sergio Capozzi: Abogado, docente universitario, posee una maestría en Historia Política Contemporánea, consejero del Comité Olímpico Argentino, Árbitro Institucional.

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