“Crueldad por protocolo”, la carta de una hija que nos duele a todos

Fernanda Mariotti es médica pediatra y a través de una dura carta a la redacción de una revista deja en evidencia la situación que atraviesan pacientes y familiares frente a los protocolos que se despliegan al momento de tratar el virus de Covid-19.



Su mamá Martha Pedrotti fue internada con signos leves de coronavirus y murió el 20 de julio por una insuficiencia cardíaca, pero para su hija fue de soledad y de pena.

Hace unos días una imagen desde Cisjordania dio la vuelta al mundo. Un hijo trepado a una ventana de hospital para acompañar a su madre en sus últimos momentos de vida.

Y así se replican historias de quienes superan el dolor de atravesar la enfermedad y el dolor de quienes no pueden acompañar a sus seres queridos durante la recuperación o la propia muerte. Es más tampoco despedir sus restos.

La carta dice:

“Lo que estamos viviendo es terrible… y creo que hay que repensar cómo enfrentamos este momento.¿Qué es estar enfermo? ¿Qué enferma más? ¿Qué atenta contra la inmunidad? ¿Qué la fortalece?

El miedo nunca es buen consejero cuando convierte al prójimo en factor de riesgo, en amenaza. Esta enfermedad, que en la gran mayoría de la población sólo generará cuadros asintomáticos o leves, es más agresiva en personas mayores y en aquellos con condiciones adversas previas. O sea, gente que necesita más atención y cuidados, que pierden cruelmente cuando se los interna, aunque sus síntomas sean leves.

A nuestros viejos, a los que dicen cuidar con las políticas y protocolos, los destroza la soledad y aislamiento.

Ya hacía 4 meses que veía a mi mamá sólo a distancia, sin poder abrazarla, desde la puerta, por miedo a contagiarla, y porque era el protocolo impuesto… Se contagió en el hogar donde residía, porque por más que tomaran las mejores precauciones, el virus circula en la comunidad.

La internaron con síntomas muy leves, un pico subfebril y dolor de garganta. Por más que a los 3 días ya estaba bien, no podía irse de alta por protocolo, requería hisopado negativo que se realiza a los 14 días.  

Durante la internación, debía estar sedada y “contenida” (o sea atada a la cama) para que no se levantara por el riesgo de caerse, porque nadie la iba a estar acompañando al baño cada vez que necesitara… Sólo entran cuando les llevan la comida, y mantienen en general una distancia aséptica prudencial, como indica el protocolo que masifica a todos en un mismo abordaje.

No pude ir a verla durante la internación, otra vez por protocolo estricto, aunque obviamente ya no iba a contagiarla, por si me pudiera contagiar yo… Soy adulta. Puedo tomar mis decisiones y correr el riesgo si me parece que vale la pena. ¡Tengo ese derecho!

Más absurdo aún, soy médica, o sea puedo ver pacientes con covid o cualquier otra enfermedad contagiosa, pero no pude acompañar a mi madre, aunque les rogué que me lo permitieran… 

No estoy planteando que se haga cualquier cosa, ni que no existe la pandemia. Estoy diciendo que estamos haciendo mal las cosas. Justamente por lo desconocido al comienzo, y por el uso del miedo, perdimos de vista que el protocolo no puede ser más nocivo que el propio virus. Y lo es.

Morir es parte de la vida. De hecho, sólo está vivo lo que puede morir. Pero producto de la respuesta a esta pandemia, están muriendo muchas más personas que las 2588 que formaban parte de la estadística en Argentina al 22/7. Sobre 141.900 infectados!

Mamá y tantos otros hubiesen tenido otra posibilidad si dentro del protocolo de incluyera más humanidad, si se permitiera que UN familiar responsable los acompañara durante las internación, firmando lo que quieran para que se queden tranquilos que no les harían juicio a las clínicas o al Estado en caso de contagiarse… 

Hoy pensaba, nosotros los que somos agentes de salud, TAN maltratados por el sistema perverso, obviamente estamos más expuestos… Pero, es nuestro trabajo! Yo elegí y sigo eligiendo cuidar a otros, aún sabiendo el riesgo…

No hay UNA VERDAD con respecto al manejo de la pandemia, es una búsqueda, y lo que quiero hacer es un llamado a pensar… Cuando el prójimo se vuelve amenaza, perdemos humanidad.

Mamá se internó por covid muy leve y murió de otra cosa, de insuficiencia cardíaca. Su corazón se fue derrotado por la pena y la soledad. Hoy, esta carta es casi un grito, es la voz desesperada de muchos que se van en el más absoluto silencio. Para ver si alguien escucha. Ella ya no puede. 

Que la muerte de mamá y tantos otros, y  que la pena terrible que transitamos todos los familiares, tenga el sentido de aportar más humanidad a lo que estamos haciendo.Ojalá sirva para  evitar otras muertes por abandono de persona por protocolo“.

La vida nos enseña que nada es terminante, que los sueños no siempre se cumplen y que no podemos aferrarnos al pasado ni vivir suspirando por el futuro. Cuando alguien nos traiciona, cuando la salud nos falla, cuando no podemos controlar una determinada situación o las acciones de los demás, solo nos queda aceptar la realidad. Pero la realidad es difícil de definir porque cada uno de nosotros tiene su propio camino: su pasado, su presente y su futuro.

En tiempos de coronavirus ninguno saldrá igual y mucho más si te toca de cerca. Son tiempos de rearmarse.