Como a ti mismo

Este es un fragmento del libro “Desmitificar”, escrito por la autora pampeana Gisela Colombo. Al final de este resumen podrá enconrar un link para adquirir el libro completo.

Quirón era una criatura mítica que los griegos relacionaban con las dotes sanadoras. Se trataba de un centauro. Una serie de relatos se propone explicarnos su naturaleza. Que Cronos deseó a su madre y para tenerla se convirtió en un caballo y la poseyó.

La mujer dio a luz a un niño que poseía de la cintura para arriba una fisonomía humana y cuyas extremidades inferiores eran las de un equino.

Los centauros, en general, representaban el impulso, el hábito de reaccionar antes de pensar, de actuar desde lo visceral. Por ello no detentaban buenos modales. Podían alcanzar cierta cultura, pero en muchas ocasiones, especialmente regadas por el vino, escogían la violencia, el abuso y la furia contra otros.

Quirón era una figura ejemplar para ellos porque sabía eludir la tentación de los excesos. Estaba formado como sujeto culto y tenía un don especial para curar.

Su amistad con Peleo lo llevó a auxiliar al hombre en la conquista de quien sería, por poco tiempo, su mujer, la diosa marina Tetis. De Peleo y Tetis nació el más célebre héroe aqueo, Aquiles.

El niño era un mortal pero su madre estaba decidida a convertirlo en inmortal. En algunas versiones se cuenta que Peleo se enfurece y la abandona cuando ve cómo va quemándole a Aquiles cada parte del cuerpo y untando lo quemado con ambrosía con el propósito de inmunizarlo frente a los peligros del mundo. El procedimiento le resulta tan cruel al padre que lo interrumpe sin dejar que Tetis unte el talón con el néctar de los dioses. Ése es el motivo por el cual el héroe tiene su debilidad en ese sitio, según el relato. (Otras versiones plantean que la inmortalidad para su hijo la intenta Tetis no con el fuego sino con su propio elemento, el agua del río Estigio.) La consecuencia de la aplicación de ese método ígneo es que Peleo rescata al retoño y se lo entrega a Quirón para su crianza. Ya Peleo había sido educado por Quirón después de que Acasto lo guió hasta un bosque, lo despojó de su espada mágica y lo entregó a los centauros. El maestro intervino y a partir de entonces fue su protector.

Muchos otros fueron sus discípulos. Además de Aquiles, Asclepio, cuyo don será también sanar; Jasón, célebre por el
rescate del vellocino de oro y la travesía imposible que cumple; Aristeo, quien provocaría la muerte de Eurídice y Acteón, su hijo. Algunos autores extienden el listado de alumnos. Lo cierto es que Quirón educa a grandes héroes y la nobleza de su sabiduría forma también a quienes seguirán su vocación de sanador.

No obstante, a pesar de sus habilidades y saberes un episodio abriría en Quirón la herida que lo haría uno de los dioses más sufrientes. El héroe Hércules lo hiere accidentalmente con una saeta embebida en sangre de la Hidra, fluido de constitución muy contraria a la vida humana, un veneno temible. Su mal no puede ser vencido por remedio alguno. Así es cómo el pedagogo olímpico adquiere el conocimiento de una de las claves vitales de la humanidad.

Por medio de ese dolor insalvable puede comprender profundamente el sufrimiento del prójimo. Gracias a la herida abierta y perenne desarrolla la empatía que lo hace un gran sanador.

Sanador de cuerpos, pero también de almas. Sin embargo, aun comprendiendo las oscuras verdades que su situación manifiesta, Quirón llega al punto de agotamiento por su dolencia y le dona la inmortalidad a Prometeo, quien se sacrifica voluntariamente por defender a los hombres.

Pero la mayor enseñanza de Quirón está ligada a una clave para comprender el destino y la naturaleza de todo lo creado.

Quirón puede sanar a todos excepto a sí mismo. En esta paradoja encierra la mitología griega una verdad medular. El
hombre no ha sido hecho para vivir en soledad. Los dolores de uno están destinados a curarse mediante el amor y la sabiduría de otros.

Y aunque en el texto bíblico no se cuente con esta intención (y no deseemos una polémica doctrinal), también es posible, en el comentario de sus detractores al pie de la cruz, deducir la misma verdad. “Médico, cúrate a ti mismo.”

El Salvador no escucha la sugerencia porque está viciada de ignorancia. Nadie lo sabe más que Cristo. La única curación posible para las criaturas es la que representa Quirón. La misma que se encuentra en la más alta medicina: el Amor a los demás.

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