Chimpay donde la historia es encuentro

Chimpay es un pequeño pueblo con cerca de 8.000 habitantes ubicado a la vera de la Ruta Nacional Nº 22, en el Valle Medio del Río Negro.


Su nombre es de origen araucano que significa “vuelta”, “arco” atribuido a una curva del río muy pronunciada existente en las proximidades.

El 2 de junio de 1879 arribó al lugar el Ejército Expedicionario del Desierto. El Teniente Coronel Manuel Olascoaga, topógrafo de la campaña, que describe la zona como “un precioso lugar en que se atraviesa una larga ceja de sauces entre dos hondonadas que descienden en imperceptible declive hasta el agua”.

La localidad no tiene un registro histórico sobre su fecha de fundación, por lo que 1970 el gobierno provincial estableció por decreto que correspondía celebrarla coincidentemente con el día del fallecimiento de Ceferino Namuncurá, ocurrida el 11 de mayo de 1905.

Ceferino marca la historia sentida del lugar. Así como nació en Chimpay y sus restos volvieron a la comunidad mapuche que representa su linaje, la localidad hace honor a su historia.



Es una pequeña localidad agrícola con base de su sustento rural, cercana a las 10 mil hectáreas que se encuentran bajo un sistema de riego que permite su desarrollo.

Durante la mayor parte del año, sus calles casi no tienen movimiento. Pero a fines de agosto, cientos de personas de todas las edades llegan y alteran la calma del lugar en honor a su hijo pródigo Ceferino Namuncurá.

Cruce de dos culturas

Manuel Namuncurá, fue un célebre líder del pueblo mapuche que luchó en la batalla del 5 de mayo de 1883 contra las fuerzas del Ejército Argentino comandado por Julio Argentino Roca, y de la cautiva chilena Rosario Burgos. Ceferino era nieto del caudillo mapuche Calfucurá.

Resistieron una larga lucha en la avanzada hacia las tierras del sur.

En ese contexto se establecen los salesianos con un plan de conversión para niños y adolescentes que les permitan de alguna manera “doblegar” a los mayores de la tribú.



El dominio de las tierras necesitaba sostenerse en las almas de quienes eran ocupantes originarios y los salesianos, desde sus escuelas posibilitaron el cruce de culturas, donde el intercambio y la instrucción religiosa hicieron camino.

Visto a través de los años y la revisión histórica podemos pensar en la colonización o en la superación de la desigualdad entre indios y blancos.

Ceferino es mapuche y es un ícono de la iglesia en manos de la obra salesiana. Chimpay todos los años recibe a miles de peregrinos que veneran en su nombre de su hijo sus acciones y protege a toda la Patagonia.

Su vida estuvo marcada por la Campaña del Desierto y desde los 11 años por el llamado a servir a su comunidad a través del evangelio.

Comenzó sus estudios sacerdotales en Viedma, luego en Bs As y de allí a Roma. Su salud siempre fue endeble y a los 19 años fallece un 11 de mayo de 1905, engrandeciendo su intención de ayudar a su pueblo.



No pudo cumplir con su misión y sin querer se convirtió en protector de su gente. Un indio llamado a ser santo, cruce de una misma historia con miradas posibles, válidas y controvertida.

En 2007 fue consagrado beato

Desde agosto de 2009, en San Ignacio, a 60 km de Junín de los Andes en Neuquén, están depositados los restos de Ceferino.

Pasaron más de 100 años para que se reencontrara con “Futa” el todopoderoso de su comunidad.



Descansa en un “kultrun”, tambor típico de la cultura mapuche, que hace de santuario.

Dos provincias, Río Negro y Neuquén, toda la Patagonia y Chimpay cuna de Ceferino Namuncurá, enlazadas por la fe y la historia que no tiene una sola dirección.

Hay lugares donde uno se queda y lugares que quedan en uno, en Chimpay cada 26 de agosto Ceferino es encuentro.