Beso V, de Roy Lichtenstein

Que el cómic es una de las bellas artes ya no lo discute nadie. Pero en los años 50 y 60 era quizás una idea novedosa eso de poner viñetas en los grandes museos. Claramente el artista sacó su inspiración de los cómics para adolescentes al crear este óleo (de 91,4 x 91,4 cm) cuyo título original es Kiss V y que se encuentra en el Museo Charles Simonyi, en Seattle (Estados Unidos).

El Pop Art buscaba precisamente eso: llevar a las instituciones la cultura popular de masas, ya fueran anuncios, productos de supermercado, posters realizados en serie o como en este caso, dibujos sacados de publicaciones para adolescentes. Iconos de la sociedad de consumo que eran «manipulados por el artista» para convertirlos en los nuevos ideales de belleza para una sociedad cada vez más consumista.

Roy Lichtenstein iba para expresionista abstracto, pero en algún momento decidió que se dedicaría a llevar al lienzo imágenes de los cómics más vendidos. De ahí esas características líneas, los colores primarios y los puntos Benday, simulando la impresión de alta velocidad.

Lo que parece ser el extracto de un cómic para chicas adolescentes –de hecho lo sacó de una viñeta del popular Girls’ Romances #97, 1963 (DC)– es en realidad un acrílico sobre lienzo hecho a mano con pincel, puntito a puntito.

El cuadro muestra a una mujer en llantos que abraza su pareja. ¿Son lágrimas de felicidad o tiene el corazón roto? Sin las demás viñetas de la historia, no podemos más que especular. Tampoco Lichtenstein nos da una pista con uno de sus habituales bocadillos o una de sus onomatopeyas, propias del lenguaje de las historietas.

Roy Lichtenstein (1923–1997), el pintor y escultor que expolió del cómic para convertirlo en material de museo. Fue una de las figuras clave del pop norteamericano y como tal sacó la inspiración para su obra tanto del arte popular: anuncios comerciales, revistas, comic; como de la historia del arte tradicional: Art Decó, cubismo, expresionismo abstracto (en el que militó al principio de su carrera).

La obra de Lichtenstein se caracteriza por su ironía (es algo de lo que los artistas pop presumían, a veces disfrazado de snobismo o superficialidad), el uso de puntos benday (utilizados en artes gráficas) y colores industriales, el lenguaje del cómic (onomatopeyas, viñetas, narrativa) y el dominio de la línea.

Lichtenstein se inició en el expresionismo abstracto de moda, pero pronto se unió al resto de la guerrilla pop para rebelarse contra lo abstracto y utilizar la figuración. Además, una figuración cuanto más popular y mecánica, mejor.

Desde luego no existía en 1958 nada más popular y mecánico que un cómic, así que Lichtenstein decidió que iba a crear imágenes comerciales de producción masiva. Eso sí, se reproduce a mano lo que parece que hizo una máquina.

Esas imágenes eran fieles retratos de la sociedad de consumo y de la cultura de masas, que pueden ser o no una crítica del mundo contemporáneo, una idealización o una sátira de la sociedad capitalista occidental. Esa ambigüedad entre la crítica y la admiración, entre la burla y el respeto es típica del arte pop, que juega cínicamente a una mascarada.

Neoyorkino de nacimiento, Lichtenstein vivió en esta ciudad, capital de todo lo que representa el pop, y en ella moriría a los 73 años, consagrado como un artista que vendió cuadros por más de 40 millones de euros.

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