Alberto, estás nominado

Por Sergio Capozzi
PARA EL FEDERAL NOTICIAS

Argentina, marzo de 2001. Llega a la televisión local un programa precedido por un notable éxito de audiencia en Países Bajos: Gran Hermano. El nefasto juego consiste en encerrar a un grupo de personas en una casa, mantenerlos aislados durante unos meses, siguiendo sus pasos minuto a minuto a través de cámaras estratégicamente ubicadas que los filman hasta cuando van al baño, duermen o concurren a un confesionario. Allí tienen que darle explicaciones a un ente, sería el Gran Hermano, que los interroga a fin de evaluar sus actitudes y eventualmente aplicar premios o sanciones. Algo parecido al confesor de la iglesia católica y mucho de la novela 1984 de George Orwell. Los memoriosos y mayores de treinta recordamos a Soledad Silveyra tratando con sumo afecto a los participantes haciéndonos olvidar y a ellos también que sólo uno sobreviviría y que sus hermanos llevan entre sus ropas el facón traicionero, pues de eso se trata: a la primera de cambio te lo voy a asestar y mucho más riesgo corrés si tu perfil es alto teniendo posibilidades de ganar, todos serán tus enemigos. Algo parecido a Los juegos del hambre, pero más light.

Hace veinte años Argentina atravesaba una de sus tantas crisis. Un presidente débil que acusaba como causante de todos nuestros males al precio de la merluza y que iba a un programa humorístico llamado Video Match perdiéndose en el estudio, poniendo una cara muy diferente a la que se le había visto en los spots de campaña (al frente de una tropa de elite), la ministra Patricia Bullrich que se enfrentaba con todo lo que hay que tener a Hugo Moyano, una misión yendo a pedir auxilio al FMI, el vicepresidente tomando distancia del gobierno y al más puro estilo Pelado Díaz diciéndole a la gente “yo no fui”. La letra del tango lo confirma: “veinte años no es nada.” Boca era multi campeón, Mirtha Legrand invitaba a comer, Tinelli se burlaba del público, el peronismo conspiraba. El grito de gran parte de la sociedad ¡Que se vayan todos! se hacía escuchar.

Hace poco, el 21 de octubre, los fans de Volver al futuro conmemoraron un nuevo aniversario de esa fecha (en la película aparece ese día como en el cual los viajeros tienen que lograr su objetivo de transportarse en el tiempo). De haber transcurrido por estos lares, Marty Mc Fly y el doc Emment Brown habrían estado mucho más cómodos, es que las circunstancias serían las mismas: los mismos políticos, reclamos sociales, personajes de la radio y televisión, los muertos que están muertos pero siguen más vivos que nunca marcando el camino de la decadencia que día a día nos aleja del sueño de nuestros padres. Los peronistas enfrentados a muerte con otros peronistas, el Día de la Lealtad con cinco actos y a ninguno fue invitado el presidente del partido. Julio Bárbaro preguntándose ¿qué conmemoran, qué hay que festejar?

Transcurrieron 19 años de los cuales quince han sido gobernados por el kirchnerismo. Arrancaron con una inflación del 400%, siguieron tres años de cuentas y déficit equilibrados, bajaron la inflación, parecía que Argentina arrancaba. Una ilusión que duró poco. Vaya a saber si fue por un problema de alcoba pero Néstor no se presentó para un segundo mandato, le dejó su espacio a su mujer Cristina Fernández. Kirchner había asumido con poco más del 20% de los votos y con un índice de desconocimiento altísimo. Su habilidad lo llevó a tocar varias puertas y fue la de Verbitsky la que se abrió. El Perro lo convenció que había que cambiar la Corte Suprema, desempolvar y remover viejas heridas bajando unos cuadros de la ESMA. Néstor no dudó, hizo eso y además se vinculó con los populistas latino americanos, precisamente él que había llegado al poder desde el neoliberalismo, afirmando que Domingo Cavallo era el economista más grande de la historia argentina. Aplaudiendo las privatizaciones que el permitieron recibir centenares de millones de dólares cuando fue gobernador de Santa Cruz.

Ocurrió lo que nadie esperaba, Néstor se murió y ella se vistió de luto. Se transformó en odiadora serial, del campo, de la clase media, de la iglesia, de los inversionistas, de su vieja amiga Lilita Carrió, hasta se atrevió a gritarle a la oposición: armen un partido y ganen las elección. Ella los provocó y ellos le hicieron caso. Sobrevinieron cuatro años de claro oscuros: siguiendo el teorema de Baglini Macri prometió lo que no podía cumplir, pobreza cero, unión de los argentinos, destierro de la inflación, lucha contra el narcotráfico (en este punto no le fue tan mal). Ella, que no tiene un pelo de tonta se dio cuenta de cómo venía la mano, había que captar el voto de los desencantados, para eso pensó que el próximo candidato a presidente debería ser otro neoliberal, moderado, capaz de vestirse de cordero.

La fórmula fue Fernández Fernández. Alberto tenía las mismas raíces que los sureños, había militado y fue candidato junto a Cavallo, hasta fundó el Partido del Trabajo y la Equidad después de haberse peleado con Cristina, acercándose a Sergio Tomás Massa, otro liberal que venía de la UCEDE. Recordemos que uno de los lemas de la campaña de Carlos Saúl era “Menem lo hizo”, bueno, el turco los hizo a todos ellos.

Alberto asumió en diciembre de 2019. Tres meses más tarde el mundo se vio inmerso en la primera pandemia verdaderamente universal. Todos nos asustamos, el gobierno nos mandó a encerrarnos y así lo hicimos, nos prometieron vacunas, confiamos en el ministro de salud que afirmaba que el virus no llegaría tan lejos y si lo hacía iba a estar debilitado. Alberto nos señalaba con el dedo, amenazaba como un padre de tiempos idos. Confiamos, nos dijo que le importaba salvar vidas, que el tema de la economía era lo de menos. Ciento treinta mil muertos, manejos oscuros con las vacunas, muertes nunca aclaradas y provincias cerradas como guetos fue el resultado del aislamiento social más largo del mundo. El apoyo que el señor presidente había logrado el primer año se fue como agua entre los dedos. Prueba de ello fue la paliza que la oposición le dio hace un año.

El DeLorean conducido por McFly aterrizó en la 9 de Julio. Veinte años después Marty y el Doc se encontraron con Boca campeón, el dólar paralelo por las nubes, la clase media sin poder llegar a fin de mes, el campo peleando por las retenciones y la cotización del dólar oficial, protestas sociales en las calles, colegios tomados, los mismos políticos. Para confirmar que habían viajado en el tiempo y que estaban en el 2022 decidieron ver televisión. Más confusión. Estaba el mismo programa, aunque los personajes eran otros.

En Gran Hermano aparecía un integrante de los hermanitos de apodo Alfa afirmando que conocía al presidente, lo trataba de coimero e incluso dio nombres de personas que podrían dar fe de eso. El conductor del reality no era Solita sino un joven para ellos desconocido. Cambiaron de canal sintonizando uno de noticias. Se hablaba de una inflación superior al 100%, que los sueldos y haberes jubilatorios de los argentinos son los más bajos de toda América, que el 60% de los jóvenes viven en la pobreza, que se toman colegios porque la feta de jamón es muy delgada, que muchas fábricas detuvieron su producción porque no los dejan importar insumos, que muchos productores agropecuarios se trasladan a países vecinos porque allí la rentabilidad es hasta cuatro veces mayor. Angustiados por las noticias y aún si entender si seguían o no en el 2001, cambiaron otra vez de canal.

En este último hablaba una señorita, por el sócalo que aparecía en la pantalla se enteraron que era la vocera presidencial. Se aprestaron a escuchar atentamente, seguramente iba a anunciar las medidas que el presidente iba a tomar para solucionar en todo o parte los problemas que afectaban al país. Gabriela Cerruti, así se llamaba la mujer, tomó la palabra. Primero respondió a un periodista tratando de explicar por qué había escrito en unas pocas horas más de cuarenta y cinco tuits referidos al personaje Alfa de Gran Hermano- Marty y el Doc se miraron, no sabían qué es un tuit-, dijo que era periodista y que por eso escribía rápido. Luego agregó el señor presidente había instruido a su abogado para que iniciara acciones legales por las injurias que habría pronunciado el hermanito encerrado. Sobre los otros temas, hambre, inflación, trabajo en negro, violencia descontrolada, no dijo nada.

Por tercera vez cambiaron de canal. En éste, también de noticias, había un locutor con una voz que imponía respeto, un caudal envidiable. Este señor estaba explicando quien era Alfa: un agente de la CIA introducido por el gobierno imperialista yanqui a través de una filial local de una de las cadenas multimedias más importantes de Estados Unidos, su misión sería desestabilizar al gobierno elegido por el pueblo. Apagaron el televisor y encendieron una radio, en ella, un humorista que imitaba la voz de ese locutor decía exactamente lo mismo: Alfa es un topo del imperio, un golpista. La maniobra estaba confirmada. Con la tranquilidad de que el pueblo argentino es inteligente salieron a la calle, todo era una fiesta, banderas azules y amarillas por doquier, seguramente eran los colores de país, no lo sabían. Se metieron en una pizzería y pidieron una grande con faina que les recomendó el mozo, el mismo que encendía el televisor. En la pantalla apareció la cara de un participante mientras que en una voz en off decía: Alberto, estás nominado.

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