Al amigo todo, al enemigo… ni justicia

OPINIÓN

Por Sergio Capozzi


Martín Fierro, un gaucho trabajador de las pampas bonaerenses, que vive con su mujer y dos hijos, es reclutado forzosamente para servir en un fortín e integrar las milicias que luchan defendiendo la frontera contra los indígenas.  

            Durante años sufre penurias -malas condiciones, hambre, frío, trato abusivo de sus superiores, estacadas, no recibe su sueldo- hasta que decide escapar después de tres años de padecimientos. Al volver, encuentra su rancho abandonado, convertido en una tapera y se entera que su mujer había muerto y sus hijos desaparecido. Esta desdichada realidad hace que Fierro frecuente las pulperías, se embriague y se convierta en un gaucho matrero, llegando a matar a una persona en un duelo a cuchillo.

            Este es el argumento que da inicio a los poemas escritos por José Hernández y que llevaron a Leopoldo Lugones a calificarlos como el Libro Nacional. Sin embargo, hay un personaje que le disputa protagonismo a Fierro. Muchos recitan estrofas que Hernández puso en boca del Viejo Vizcacha, aún sin haber leído el libro.

            Hacete amigo del juez

             no le des de qué quejarse,

            que siempre es bueno tener

            palenque ande ir a rascarse .

            La sapiencia de José Hernández, se encuentra en plena vigencia ciento cuarenta años después. La administración de justicia en las provincias y en el ámbito federal, siempre ha sido un problema.

            El concepto de república se remonta a más de dos mil años, sin embargo, salvo pequeños ejemplos, recién tomó forma trascendental con la revolución francesa y su división de poderes. El pueblo reclama una norma, el legislador recoge la inquietud, el ejecutivo la promulga y el juez controla su ejecución. Es lo que se conoce como el Pacto Social que, convierte al juez en la pieza más importante del sistema republicano.

            El punto flaco es cómo y quién designa a los jueces. En algunos países, es por votación popular, en otros son sus pares. En la Argentina, con sus veinticuatro provincias y el sistema federal, la generalidad es que se designen a través de Consejos de la Magistratura. Nos detenemos  para señalar una perlita:  hace dos semanas, con el guiño político del gobernador peronista Raúl Jalil, el oficialismo de Catamarca  sancionó una ley que elimina el Consejo de la Magistratura local. Además elevó de cinco a siete el número de miembros de la Corte provincial. Si esto es curioso, más lo es que el tema se trató sobre tablas.

               Para confirmar que no hay nada nuevo bajo el sol, hace veinticuatro años, nuestro país atravesó una situación casi calcada a la actual. Se producía una embestida peronista contra diez jueces del fuero contencioso administrativo federal, a quienes se pretendía enjuiciar por haber emitido fallos que molestaron al gobierno. Eran los tiempos de la famosa servilleta con los nombres de jueces federales. Por esos días Rodolfo Canicoba Corral asumía su cargo. El mismo al cual renunció esta semana, antes que avanzaran los pedidos de juicio político en su contra. Eso sí, en dos días dictó el procesamiento de varios funcionarios del anterior gobierno, incluyendo al ex presidente. Sonó  como “muchachos, ahí se los dejo, tomen revancha.”

            Son cientos los cargos vacantes en el ámbito nacional  o federal. Un caso paradigmático es el juzgado federal de Bariloche, hace más de cinco años que está acéfalo. ¿Por qué no se cubren estos cargos? Entre otras causas, porque el presidente retiró doscientas propuestas realizadas por el anterior gobierno.  

          El punto clave en discusión es cómo se constituye un Consejo de la Magistratura. En el campo nacional o federal, es un Consejo de Políticos. Un ente que tendría que estar formado por destacados juristas, representantes de colegios de abogados, universidades y asociaciones de magistrados, está integrado por representantes de los partidos políticos, un verdadero caballo de Troya que ha roto la división de poderes. La designación y remoción de jueces es un oscuro negocio, un “nombrame a éste que yo te acepto a ese”.

            Hoy es tapa de los diarios la reforma judicial. En medio de la pandemia y cuando el país se hunde económicamente, el señor Presidente está preocupado por la búsqueda de impunidad. Si hacemos un relevamiento de los temas que más preocupan a la población, la justicia debe estar en el décimo puesto. Lo curioso y contradictorio es que luego de la economía, la pérdida del trabajo e inseguridad, la corrupción es lo que más preocupa a los argentinos. Precisamente esta, es la otra cara de la moneda. A menos justicia más corrupción.

            La actual vicepresidente hace unos años dispuso la reducción de los miembros de la Corte Suprema de Justicia a cinco y dio una serie de fundamentos, los cuales fueron recogidos por Alberto Fernández que, ahora cambia de opinión. Algo que no nos puede sorprender, recordemos el caso Vicentín o más grave, el giro de 180º en el tristísimo asunto del memorandum de entendimiento con Irán.

            El  gobierno pretende que la cantidad de jueces federales en materia penal pase de nueve a cuarenta y dos, y que se triplique el número de miembros de la Corte. Para eso designó una comisión de “notables”. La integra como presidente el Dr. Carlos Berardi, abogado estrella de Cristina. El resto, salvo tres casos, son todos filokirchneristas con experiencia focalizada en el campo penal. Un verdadero traje a medida que a más de uno, le hace pensar que la única finalidad es lograr impunidad. Un burdo intento de licuar la justicia con el nombramiento de trescientos cincuenta cargos, que seguramente serán cubiertos por candidatos afines. Ni hablar de las fiscalías, ya que a partir de la introducción del sistema acusatorio se puso en cabeza de ellas la potestad de impulsar o dejar caer los procesos. Algo similar a lo que está pasando con la Oficina Anticorrupción que no apela fallos.

            Paralelamente, y en medio de la anunciada reforma judicial, el gobierno ha logrado que el Consejo de la Magistratura revise el traslado de diez jueces, entre los que hay dos a los que el kirchnerismo apunta especialmente: Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi. Pero no sólo a estos tienen en la mira. Hay que sumar a varios miembros del tribunal Oral que tendrán a su cargo la causa de los cuadernos y otros de la justicia electoral. Este ya no es un tema de la administración de justicia, sino que ha avanzado sobre garantías constitucionales. Violenta la intangibilidad de los jueces y el llamado juez natural. Otra perla: fue el mismo Consejo de la Magistratura el que, en su momento, había aprobado los traslados.

            El miércoles pasado, el señor Presidente anunció desde la quinta presidencial la mentada reforma. En el evento, salvo una magistrada de la Corte, no había representantes del poder judicial, ni de la oposición, ni del gremio.

            El avance del oficialismo, desde las Cámaras y el poder Ejecutivo, todo diseñado desde el instituto Patria, nos trae a la cabeza las palabras del general Perón, cuando en 1973 al volver para pacificar a la Argentina, dijo: Al amigo todo, al enemigo, ni justicia. Tristes y duras palabras, repetidas en esos días por un funcionario del gobierno que habla sobre los odiadores seriales.

            Habrá que hacerse amigo del Juez.