Adriana Amado, especialista en medios: “Hay líderes que no pueden abandonar sus matrices autoritarias”

Adriana Amado es docente, investigadora y especialista en medios con una mirada interesante sobre la actualidad del país en términos de información.



Hace algunos días hizo un análisis de los mensajes que la política transmite a la ciudadanía en tiempos de pandemia y se refirió a la dinámica entre el periodismo y el poder.

Algunas de sus expresiones nos ayudan a pensar la realidad de un país atravesado por discusiones diarias que se dan en el marco de los medios de comunicación tradicionales, que en muchos casos parecieran marcar la agenda política, en contraposición con las redes sociales que poseen una impronta propia y también delimitan intereses, exigencias y cuestionamientos.

Los espacios digitales con el desarrollo de Internet, poseen una fabulosa e inmensa base de datos a la cual podemos acceder de manera instantánea, desde cualquier lugar del mundo y dispositivo. La información circula de manera rápida y nos enfrenta a desafíos permanentes. Entre ellos a la dirigencia política.

En ese sentido frente a la marcha convocada para el 9 de julio que sorprendió a propios y ajenos, Amado indicó:  “Las redes sociales parece que aúllan de hostilidad y de odio pero de pronto hay muchos silencios que estallan en una marcha impresionante a lo largo del país el 9 de julio. Los que estaban hablando desaforados se preguntan dónde estaban todas esas personas”.

Según la especialista la gran dificultad que poseen los líderes latinoamericanos es la falta de confianza ciudadana.

En ese sentido existe una “crisis de legitimidad para hacer que los otros hagan lo que la autoridad dice que tienen que hacer”. Esa idea de que el ejemplo debe venir desde arriba, de aquellos que gobiernan para que tengan efecto sobre quienes deben cumplir.

Mucho más evidente en tiempos de pandemia donde resultó necesario cumplir con medidas para combatir el Covid-19 en el intento de generar un orden.

Consideró la existencia de una diferencia de liderazgos mencionando que: “hay líderes que si escuchan lo que le está pasando a la sociedad y otros que no pueden abandonar sus matrices autoritarias que encubren con liderazgos carismáticos”.

Detrás de la demonización al que piensa distinto se esconde “la crítica que tienen todos los regímenes populistas vinculada con el miedo a la información que no es la propia”.

De esta manera entra en juego el pensar distinto o el disenso, que para Amado implica: “Para ellos, todo periodismo que da una versión distinta a la que da la fuente oficial es una amenaza y cualquier persona que adhiere a esa versión es un traidor”.

Se escucharon varias voces álgidas luego de la marcha que alertó al gobierno y a la oposición sobre demandas que tiene la ciudadanía frente a la política en general.

Al mismo tiempo la denuncia de periodistas que sufrieron “aprietes” o ” escraches” por manifestarse de manera diferente a la mirada oficial sobre la realidad que atraviesa el país.

Al respecto Amado indicó: “Que una persona de poder en lugar de contribuir a la concordia aporte un término que no hace más que generar mayor tensión, no ayuda”.

Periodismo y poder constituyen dos caras de una misma moneda. El periodismo es un oficio, una profesión, que lleva a quienes la ejercen a un contacto permanente con el poder.

En ese interjuego  es necesario asumir una subjetividad asentada en la honestidad intelectual porque la credibilidad también se juega en el terreno de la comunicación periodística, no solo la política.

La complejidad de la sociedad argentina y el descrédito social en las instituciones republicanas claves como la Justicia, el Parlamento o el propio gobierno, más debilitadas en tiempos de pandemia por las limitaciones en su ejercicio, ponen al periodismo en un lugar de reaseguro ético para investigar, cuestionar, dudar e informar a la población.